Apuntes históricos de mi pueblo: Capítulo XI. ’’La defensa del pueblo’’


Casa cural de San Antonio de Belén. Los acontecimientos mencionados por Filaldelfo al final de este capítulo guardan relación con una polémica sobre la casa cural.

Por. Filadelfo González Murillo* 

Por iniciativa del fundador del Apostolado en este pueblo, Fray Luis de Villafranca, era convenido que dicho salón (hace referencia al antiguo Teatro Belén, hoy Salón Parroquial Ángel Sancasimiro) sirviera para todas las reuniones del pueblo, Conferencias instructivas, veladas, diversiones, siempre que no estuvieran reñidas con la moral, y para los Catecismo Dominicales, y para los efectos civiles se asignaría el Edificio de las Temporalidades de la Iglesia.

Este edificio completamente terminado con su magnífica galería, palcos, escenario y decorados, fue inaugurado y bendecido por Monseñor Monestel ya obispo electo el 11 de febrero de 1915, habiéndose estrenado el Salón el 12 de junio de ese mismo año, en que fue dada la primera comedia por los alumnos del Colegio Salesiano de Cartago. Apenas terminada la última fiesta de Nuestro Santo Patrono celebrada en este pueblo por Monseñor Monestel como Cura, partió para Panamá con el fin de hacer allá en el Colegio de los Padres Jesuitas los ejercicios espirituales preparatorios a su Consagración Episcopal. Durante su ausencia estuvo encargado hasta el 13 de agosto de la Parroquia Fray Ernesto de Olot, capuchino.

En esa fecha y por especiales recomendaciones de Monseñor, fue nombrado Cura de la Parroquia el Presbítero José Calderón. El 25 de julio fiesta del Apóstol Santiago, fue consagrado Obispo Monseñor Monestel; ofició como consagrante el Sr. Delegado Apostólico, el ilustrísimo don Juan Gaspar Stork, obispo de San José de Costa Rica, y monseñor Rojas, obispo de Panamá. Con este motivo, el pueblo de San Antonio en su totalidad se trasladó ese día a San José, ora a pie, ora a caballo, ora en tren expreso, salió a las cinco de la mañana.

Los gastos que demandó su consagración y la fiesta anexa a ella fueron sufragadas por su padre don Cleto Monestel, pues él carecía de los recursos necesarios para ello y, efectivamente Monseñor Monestel salió como había venido en las precisas reglas con que enriqueció a la Iglesia y en los pobres para quienes fue siempre un padre bondadoso. 

Habiendo dispuesto Monseñor celebrar su Primera Misa Pontifical en este pueblo del cual había sido Cura por más de diecinueve años y, además tan querido, pero el pueblo correspondió (casi por última vez) obsequiando con un espléndido banquete al que fueron invitados los Supremos Poderes de la República, don Alfredo González Flores, y sus ministros, más de doce de los señores Diputados, el señor Delegado Apostólico y sus secretarios, el Señor Obispo de Costa Rica y su Cabildo, los Magistrados de la Corte, y las principales autoridades de San José, Heredia y Alajuela. Llevó la palabra en representación de pueblo en ese banquete, quien lo hizo con lucidez, el Lic. Mariano Acosta.

Del 15 de agosto de 1915 hasta el 24 de agosto de 1921 fue representada la Parroquia por los Presbíteros José Calderón y Manuel Umaña que sucesivamente estuvieron hasta setiembre de 1916; de esa fecha hasta el 29 de agosto de 1921 fue el joven Dr. Borge, nicaragüense. Ese lapso de seis años, transcurrido desde agosto de 1915 a agosto de 1921, en la historia del pueblo la más desastrosa que ha habido y en cuya catástrofe, que no de otro modo se puede llamar, estuvo a punto de naufragar el buen nombre y la religiosidad del pueblo Belemita.

Solamente por la intervención de Santísima Virgen, bajo cuyo amparo se había puesto el pueblo, se debe a que no culminara ese periodo de horrendos crímenes que milagrosamente nos libramos, lo que hubiera sido una mancha indeleble para el pueblo (que no registra en su historia homicidios cometidos por hijos de este pueblo). 

*El autor fue vecino de toda la vida de San Antonio de Belén, fue además Jefe Político (antigua denominación de la figura de Alcalde) de Belén. Los relatos narrados provienen de un cuaderno de apuntes redactado en 1924, que el autor regaló a su hijo Ricardo ‘’Ricardito’’ González y que varias décadas después fueron transcritas para su publicación por Benedicto Zumbado Z. La mayoría de relatos provienen de los abuelos del autor, Niberato González y Concepción Moya, quienes a su vez el autor explica que eran nietos de los fundadores del pueblo. 

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