mayo 3, 2026

Un muerto y cinco heridos belemitas en el mayor accidente ferroviario de la historia nacional

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Fotografía historica. Marvin Caravaca.

Fotografía historica. Marvin Caravaca.

  • Se cumplen cien años de la tragedia del Virilla

redaccion@periodicoelguacho.com

El 14 de marzo de 1926, Costa Rica vivió una de las tragedias más profundas de su historia. Aquella mañana, un tren especial que realizaba una excursión desde Alajuela y Heredia hacia Cartago, se descarriló al cruzar el puente sobre el cañón del río Virilla, provocando el peor accidente ferroviario ocurrido en el país. 

Investigaciones históricas y crónicas periodísticas coinciden en que el tren transportaba a cientos de pasajeros —muchos de ellos trabajadores y familias completas— que viajaban a una actividad benéfica organizada para recaudar fondos para el Hogar de la Vejez de Cartago. 

El convoy de vagones, pertenecientes entonces a la compañía privada Northern Railway Company, se encontraba sobrecargado. Se estima que más de mil personas abordaron el tren, muy por encima de su capacidad. 

A las 8:20 de la mañana, mientras el tren entraba al puente del Virilla tras atravesar una curva pronunciada, el maquinista aceleró para superar una pendiente cercana. La combinación de velocidad, exceso de pasajeros y las condiciones del tramo provocó que los últimos vagones se descarrilaran, arrastrando a otros carros que terminaron cayendo o quedando colgando sobre el profundo cañón del río. 

Las escenas posteriores fueron devastadoras. Equipos de rescate, médicos y vecinos de las comunidades cercanas acudieron rápidamente al lugar, pero las labores se dificultaron por la profundidad del barranco y por la gran cantidad de víctimas. 

Las cifras exactas varían según las fuentes históricas, pero diversas investigaciones sitúan el saldo en cientos de muertos y decenas de heridos, convirtiendo el hecho en la peor tragedia ferroviaria registrada en Costa Rica. Según un reportaje con motivo del centenario realizado por la Universidad Nacional “está claro que el día del accidente murieron 248 personas y 93 resultaron heridas”.  

Las víctimas de Belén

Entre las personas que viajaban en aquel tren también se encontraban varios vecinos de nuestro cantón, cuyas historias fueron recogidas por María Ulate Rodríguez en su relato “Una fatídica excursión”, incluido en el libro “El Portón de las Brujas”, compilado por Danilo Pérez. Según esta narración, la tragedia dejó un fallecido y cinco heridos belemitas.

La víctima mortal fue Vicente de Jesús Campos Villalobos, joven jornalero de apenas 17 años, vecino del distrito de San Antonio. Viajaba en el tren acompañado de sus padres y de un hermano, quienes también resultaron heridos. Según Ulate, Vicente fue la primera víctima en ser sepultada el mismo día del accidente. 

También en San Antonio resultó herida Dolores Segura Murillo, hija de Sebastián Segura y María Murillo, nacida el 18 de octubre de 1885.

En el distrito de La Ribera, varios miembros de la familia Fernández y Campos viajaban en el tren. Entre ellos se encontraba Aníbal Campos Villalobos, de 16 años, hijo de Vicente Campos Chávez y Juana Villalobos Salas, quien viajaba en el penúltimo vagón y resultó herido.

También sufrió lesiones Juan Fernández Ledesma, hijo de Emilio Fernández Guevara y Clotilde Ledesma Campos. Años más tarde, en 1938, Juan contraería matrimonio con Juana Luisa Rodríguez Villalobos.

Su madre, Clotilde Ledesma Campos, de 40 años, hija de Juan Ledesma Araya y Jacoba Campos Campos, viajaba en el último vagón del tren y también resultó herida. Lo mismo ocurrió con su esposo, Emilio Fernández Guevara, agricultor e hijo de Teodoro Fernández y Escolástica Guevara Díaz, quien viajaba junto a su familia.

Una sentida pérdida

Entre las víctimas mortales del accidente también se encontraba Delfina Mondragón Alfaro, vecina del barrio La Agonía de Alajuela y esposa de Clodomiro Sánchez. Su fallecimiento fue particularmente sentido en Belén, pues su hijo Wilfrido “Billo” Sánchez Mondragón era el boticario del pueblo y una figura muy querida por la comunidad.

Las crónicas locales señalan que la noticia de su muerte provocó una profunda conmoción entre los vecinos belemitas, reflejo de los estrechos vínculos sociales que existían entre las comunidades del Valle Central.

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