El conflicto Guillermo “Memo” Flores versus Juan Durán
Juan Duran Acuña, tercero de izquierda a derecha con el niño Sergio Salas Duran, quien era su sobrino. A la izquierda de Juan Duran aparece Eduardo Vargas ‘’Pastilla’’. Foto cortesía de Telémaco Salas Duran, sobrino.
El asesinato de Juan Durán Acuña, en 1950, a manos de un hijo de Guillermo Flores está antecedido de acontecimientos que, en algunos casos, se rastrean en documentos oficiales y periodísticos y, en otros, son parte de la memoria y la fascinación popular.
El señor Flores proviene de familias finqueras del cantón de Heredia quien, a la altura de 1930, aparece dueño de una propiedad que luego amplió con otras. Dicha zona se ubicaba entre los linderos de la Pitahaya del cantón de Heredia y el sureste de Belén. Por supuesto no estaba dividida, como hoy día, por el cruce de la autopista General Cañas. Parte de esa hacienda hoy se conoce como las urbanizaciones Los Arcos, Cariari, Doña Rosa y Doña Claudia. Con los años, se transforma en una finca grande dedicada a potreros, cultivos de café, caña de azúcar y bosques. Dispone de varias casas y edificaciones propias de la producción hacendaria y está regada por manantiales y los ríos Bermúdez y Virilla. Allí trabajan como peones agrícolas y recolectores de café muchos de nuestros abuelos y abuelas.
Juan Durán Acuña, nacido en 1905, es miembro de una gran prole del matrimonio de Alberto Durán Valverde y Esmeralda Acuña Barquero oriundos de la Inmaculada Concepción de Heredia. Esta familia termina instalada en San Antonio de Belén. En la memoria de generaciones mayores (y extintas en algunos casos), se describe a Juan Durán como un hombre trabajador, honrado, de gran presencia física y muy estimado por parientes y conocidos. Quizás, como resultado de la cultura campechana de la primera mitad del siglo XX, gracias a su contextura y arrojo se va convirtiendo en un peleador popular reconocido, incluso, fuera de las fronteras de esta región. Parientes del que suscribe, lo recordaban como trabajador en las fincas bananeras, en las cuales gracias a su fama y protección se libraron de ser víctimas de la agresión de otros peleadores en aquellas tierras agrestes.
Durante el gobierno de Teodoro Picado (1944-1948), Juan Durán se desempeña como Jefe Político en San Antonio de Belén. El nombramiento posiblemente está vinculado a su adhesión al Partido de Calderón Guardia y (especulamos), quizás también a su experiencia como obrero bananero en la que el sindicalismo, bajo la influencia del partido Vanguardia Popular, puede haber influido en su manera de pensar. Esta fue una época conflictiva y violenta en la cual se gestan las condiciones para la explosión de la guerra civil de 1948. Mientras tanto, Memo Flores, importante hacendado cafetalero, según los periódicos de la época, es un reputado dirigente de Unión Nacional de Otilio Ulate, organización política que, desde posiciones conservadoras, se opone radicalmente a las reformas sociales y, por supuesto, a la coalición “calderocomunista”. Estos dos personajes habían tenido relación laboral pues el primero había trabajado en condición de peón agrícola en dicha hacienda en tiempos anteriores.
En los meses de la guerra civil de 1948, el gobierno, por las exigencias bélicas, autoriza la requisición de alimentos para las tropas leales. Por memorias de viejos contemporáneos y notas periodísticas se conoce que Durán, en calidad de Jefe Político, participa en operaciones de confiscación de granos en la hacienda de Memo Flores. Acciones que enconan la relación entre ambos hasta convertirlas en rencillas políticas que trascienden más allá de la guerra. Para los detractores, Durán se comporta de manera arbitraria y agresiva, mientras para otros, es una persona benévola que, incluso, durante el enfrentamiento militar, informa a escondidas a amigos y conocidos sobre cateos en casas y comercios. Con el triunfo del figuerismo, Durán deja el puesto y, en los siguientes dos años, en distintas ocasiones ambos se reencuentran en condiciones poco amistosas. Se podría suponer que la enemistad se alimenta de las discordias políticas pasadas y el empacho de poder derivado del triunfo político militar y de la gloria de los “cocos” peleoneros.
El final de esta historia sucede un 12 de febrero 1950 en las celebraciones de la Virgen de Lourdes. En la mañana Memo Flores y Juan Durán se enfrentan a golpes en los alrededores de la esquina sureste de la iglesia de San Antonio. Flores se retira a su hacienda después de llevar la peor parte de la pelea. En horas de la tarde, mientras la plaza se encuentra atiborrada de gente disfrutando de un disputado partido de fútbol aparece la “cuña” de los Flores. Pocos minutos después, la atención se centra en la riña entre los mismos contendientes de la mañana. Cuando Durán, después de desarmar a Flores de un machete con una estaca de madera, está a punto de terminar con él, se escuchan los disparos del joven “Yoyo” Flores quien lo ultima por la espalda. El cuerpo de Durán cae en la cuneta, en la esquina noroeste, como si por capricho la muerte hubiese querido cruzar en diagonal la cuadra de la iglesia.
Nota del autor: Pedro Durán, hermano de Juan Durán, fue quien trabajó en la Bananera. Juan Durán no se desempeñó en dicha labor.
El Proyecto “Memorias de Belén en el 48” es apoyado por el fondo Puntos de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud.


Mi padre Luis Humberto Zumbado Murillo era plantero en la la CNFL, en Electriona, me contó que en una ocasión llegaros los contrarios, así me decia, me llevaron a la finca de Memo Flores a un saqueo, lo obligaron a traerse una camisa que estaba tendida, eso bastó para ser prófugo, pero como muchos lo conocían, lo perdonaron