Liberación Nacional en Belén: crisis y desafío
Liberación Nacional obtuvo solo una regiduría en las últimas elecciones municipales. Foto: PLN Belén.
A nivel del cantón de Belén, Liberación Nacional (LN) controló el aparato municipal en los años sesenta, setenta y ochenta, con la excepción de 1978, cuando sufrió el primer altibajo con la elección de un regidor de Pueblo Unido. Sin embargo, a partir de 1990, LN y la Unidad Social Cristiana (USC) se vieron obligados a compartir el Concejo con otras formaciones: Partido Independiente, Fuerza Democrática, Independiente Belemita (PIBE), Acción Ciudadana (PAC), Republicano Social Cristiano, Unión Belemita (UB).
Además, de aquel año hasta el 2002, LN y la USC optaron por compartir la presidencia del Concejo mediante apoyos recíprocos, no obstante, entre 2002 y 2016, el PAC, PIBE y Alianza por Belén ocuparon en algunos períodos la presidencia del concejo. Y respecto del ejecutivo municipal y, recientemente, del alcalde, LN y USC se han venido turnando, aunque, en los últimos años, ha sido dominante el control del segundo.
En este escenario, podemos anotar, al menos, tres tendencias políticas relevantes. Primero, desde 1990, cuando empieza a ganar elecciones nacionales, la USC (con los Alvarado en la dirección), fortaleció su influencia en la dinámica municipal. Segundo, otras fuerzas aumentaron presencia en el Concejo y, por ende, empezaron a pesar en la elección del directorio y la discusión y aprobación de proyectos y políticas municipales. Y tercero, a partir del 2000, y más específicamente del 2016, LN experimentó un desgaste que lo convirtió en una fuerza minoritaria.
Cabe anotar, sin embargo, que su situación local no se puede desconectar de su propia crisis nacional que, según algunos analistas, arranca en la administración de Figueres Olsen y su pretendido giro al neoliberalismo.
La crisis de LN se expresa en diferentes frentes. En el plano electoral, la otrora orgullosa mayoría de los años sesenta y setenta se fue debilitando. En el lapso de 1990 al 2010, tuvo que contentarse con dos regidores y, del 2016 a la fecha, pudo elegir con dificultad un regidor.
Esto significó la pérdida paulatina de control de los asuntos municipales hasta llegar al extremo de experimentar, en años recientes, una subordinación ciega a los intereses políticos de la USC. Así, en las últimas administraciones y la que finaliza en el 2028, LN ocupó la presidencia del Concejo por tramos de dos años como mera decoración pues, en ninguno de ellos se constata que sus postulados político-comunales hayan tenido un ápice de influencia.
En el plano organizativo se visualiza también ese deterioro. Un vetusto y gastado cuadro dirigencial sigue mandando muy lejos de su olvidada vocación social demócrata. Y cuando permitió cierta renovación, lo hizo como un escarceo coyuntural y aparente, para volver prontamente a colocar representantes que se sentían (y sienten), más a gusto bajo el alero y manutención de la USC. Con exclusión de 2010-2016, LN se ha negado a negociar con fuerzas distintas, es el caso de Unión Belemita, a la que sigue mirando con las manoseadas gafas del anticomunismo.
En fechas recientes, se escucha, en corredores cantonales, la puja de representantes jóvenes en busca de puestos elegibles en la próxima elección municipal. Quizá se deba a que, algunos sectores nuevos, “motu proprio”, se les ha colmado la paciencia y pretendan desplazar las dirigencias tradicionales; quizá, se deba a los resultados de la elección nacional en la que Álvaro Ramos protagonizó un levantón que ilusionó a la alicaída tropa liberacionista. Eso está por verse.
En el plano nacional, LN parece experimentar una obligada renovación que se expresa en la retoma de sus orígenes socialdemócratas y la reciente aprobación de establecer alianzas con fuerzas que, otrora, tenía ubicadas en el sótano político.
El liderazgo de A. Ramos tiene un duro camino que recorrer, pues la cohesión de sus representantes está asechada por el chavismo que tiene en su agenda la intención de fichar algunos de esos cuadros para su causa. Un desliz en esa dirección echaría por tierra la esperanza levantada con tanto esfuerzo.
Y en el plano local, en particular en la dinámica municipal, los antecedentes solo muestran que la representación liberacionista hace rato suscribió acuerdo de sumisión con la USC. Y, a esa situación particular, habrá que sumar el vergonzoso deslave de la USC, cuya dirección local ya comenzó la desbandada hacia el partido Pueblo Soberano, poniendo de manifiesto que, en esas tiendas, los intereses personales están por encima de los argumentados intereses populares y comunales.
¿Qué le queda a LN? ¿Redefinir su rumbo, buscar otros aliados? Tiene todavía un par de años por delante para pensarlo. Empero, a como viene manifestándose su rumbo local, bien podría ser que, en los próximos comicios, apenas alcance un residuo insuficiente para una regiduría.
