Honor a quien Coco merece


Por: Manuel González Murillo* 

 

El día 12 de agosto de 2018 muere Agusto Zumbado Delgado, a quien conocimos como Coco. Resulta que él era un hombre soltero, quien en vida trabajó y se pensionó trabajando para el periódico “La República” muchos eventos del cantón, como reinas de las fiestas patronales, quinceañeras, matrimonios y otros están documentados en este medio de comunicación gracias a la iniciativa de Coco. 

 

En las diferentes actividades de la iglesia católica en el cantón se hacía responsable del cañón para lanzar las bombas de turno de doble trueno, las que despertaban a los vecinos y atemorizaban a los animales, resulta que Coco vivió con su madre  hasta el día de su muerte el 27 de julio de 1965, al año siguiente el 15 de agosto de 1966 tuvo una ilusión de poder celebrar todos los años una misa en su honor y esta debía ser en un lugar donde descansará que mejor lugar que en el cementerio. 

 

La celebración debía tener música que venía de Palmares y, desde luego, un sacerdote, el Padre Vargas, cura párroco de San Rafael de Alajuela y luego de Río Segundo y esto como en todo se necesitan recursos económicos aunque al principio había poca participación nunca fue un obstáculo para seguir realizando esta hermosa idea. 

 

Años después los Padres Agustinos no estaban de acuerdo con dicha idea, pero aparece un amigo, compañero y primo quien hacía muchos años había estado en una labor muy importante de educación en San Salvador como Hermano Salesiano y es trasladado a Costa Rica para continuar con su misión educativa en el Colegio Salesiano Don Bosco, Don Benedicto Zumbado Zumbado, cayó como anillo al dedo, fue un aliado muy necesario; ya que le conseguía a un sacerdote Salesiano al Conjunto Musical San Bosco y un buen número de boletines para obsequiar cuando recorría casa por casa por todo Belén solicitando una contribución para sufragar todos los gastos , con esto superado ya no había obstáculos de los que se le oponían.

 

Fue así como nacieron para quedarse las misas en el cementerio del Día del Padre, la Madre y Día de Difuntos, cuando participamos de estas misas podemos observar una gran combinación de sentimientos y emociones en la gente.

 

Gracias Coco por el legado que nos dejaste y que perdurará en el tiempo y quienes te acompañamos en este caminar te recordaremos para siempre.

 

*El autor es vecino de San Antonio de Belén. 

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