Lorena Vargas Víquez: un pilar de la cultura belemita


Isabel Hernández González

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Bailarina, filóloga, docente, comunalista, gestora comunal son solo algunas facetas de nuestro personaje del mes. Cualquier persona que disfrute de la vida cultural del cantón la conoce. Lorena Vargas Víquez ha contribuido al desarrollo artístico belemita durante gran parte de su vida y es uno de los pilares en este ámbito.

Asumir un papel activo y público desde sus primeros años para ver un Belén culturalmente más dinámico, romper con el estereotipo de mujer sumisa y callada y llevar un liderazgo sano son solo algunas de las características por las cuales desde el periódico El Guacho queremos reconocer su labor.  

Sus inicios

Su dedicación por la cultura empezó gracias a su profesora Edith Campos, quien la eligió como asistente de producción para un montaje dramático del poema “Margarita” de Rubén Darío, presentado en la graduación de ese año; sin embargo, además de este trabajo, la maestra también le pidió que actuara en la obra, y fue así como, con tal solo 7 años, Lorena aceptó con toda la seriedad del caso, su primer compromiso con el arte.

Luego de ese momento, ya encendido el amor por la cultura, ella nos confiesa que sintió la necesidad de un espacio para compartir ese sentimiento; entonces, creó “El Club del Tigre”, un club de lectura al cual se unieron varios niños y niñas, quienes se reunían en la casa cural, una vez por semana.

La Academia Artística Belemita

Pasó el tiempo y llegaron los años setenta, en esta época se organizó un grupo de jóvenes para crear un coro para la iglesia a final de año y de ahí nació la Academia Artística Belemita.

Este nuevo espacio se convirtió en su pasión; en él, colaboraba con todos los proyectos que integrantes, como Danilo Chaves, Janet Sosa, Joaquín Jiménez proponían. Desde el puesto de secretaría, sus funciones trascendieron la parte administrativa.

Fruto del trabajo en equipo y de la iniciativa de Janet Sosa con los grupos de danza, nació Sembrando futuro, de los cimientos de la misma academia.

“En la medida que crecía el proyecto, vi la necesidad de llevar un control técnico, de llevarlo más allá de la parte administrativa de una escuela de danza; entonces, Sandra Rodríguez y yo asumimos esta parte”, explicó Lorena al relatarnos los orígenes de este proyecto tan importante en su vida.

Según nos contó Lorena: “Sandra trabajaba nuestras capacidades musicales y rítmicas, yo la parte técnica de danza, ya fuera ballet clásico o danza contemporánea, y Janet el montaje”. Gracias al esfuerzo de todas, lograron grandes montajes, como el de Rapsodia Bohemia que fue presentado en el Teatro Nacional.

Sus labores en Sembrando futuro no se limitaban a esto, había que conseguir espacios de ensayo, vestuario, maquillaje, financiamiento, etc., estas fueron sus primeras experiencias en la gestión cultural. Para ella, esta también es una acción política, pero no partidaria, porque la idea siempre es abrir oportunidades para todos los demás, indistintamente del color político.

Una comunidad integrada

Según nos explica Lorena, la gestión cultural estaba totalmente integrada a la comunidad y no habían “islas”. Incluso, señala que hubo varios intercambios con otros cantones del Valle Central “Yo di talleres literarios en Hatillo con la Escuela de Filología” y, por medio de su presencia en la Asociación de Estudiantes, se coordinaron varios intercambios artísticos en las distintas localidades.

Un aspecto en particular que reflejaba la integración de la comunidad era el vínculo entre dos pilares de la identidad belemita: la cultura y el deporte.

En esos años, el apoyo que recibía el sector deportivo desde los grupos culturales era muy estrecho. Todas las agrupaciones artísticas asistían a todos los encuentros de los Juegos Nacionales durante varios años.

El esfuerzo que no se ve

El vivir por la cultura y trabajar con la pasión que ella lo hizo implicaba un esfuerzo en muchos sentidos; no solo se trataba de coordinar, buscar financiamiento, capacitarse o convocar a las actividades; además, al ser mujer, enfrentó problemas como el acoso que iba desde manoseos y gritos cada vez que iba a San José, hasta tener que correr y tocar la puerta de algún vecino, porque la seguían de noche, cuando volvía a su casa, “Usaba ropa suelta y grande, pero en realidad eso nunca ha tenido nada que ver. A decir verdad, ahora, los años y los kilos demás me protegen y me siento muy feliz de no tener que volver a enfrentar esas situaciones”.

Este acoso no fue lo único a lo que se enfrentó por su género, Lorena nos cuenta que uno de los grandes problemas fue la invisibilización de su trabajo. Esta comunalista nos explica que esta situación es sistemática y se relaciona con el entorno machista, en donde las mujeres deben callar sus aportes. “Muchas veces yo decía una propuesta y no la tomaban en cuenta, pero si un compañero la repetía, sí la escuchaban y quedaba él con el crédito”.

Lorena nos confiesa que esta es parte de las rupturas que ha hecho: “Por medio de un cristianismo mal entendido, nos dicen que la mano izquierda no debe enterarse de lo que hace la mano derecha; entonces, gran parte del trabajo que realizamos las mujeres se pierde en la historia o vemos a otras personas tomar el crédito. Ese silencio no ayuda a mis amigas, no ayuda a mis compañeras de lucha, no le ayuda a nadie. No quiero ser invisible, no tengo que ser invisible. Mi trabajo le puede servir a otras personas”, agregó. “Aceptar la labor propia no se trata solo de un reconocimiento a mí, sino a todas aquellas que fueron mi referencia, que me enseñaron, mujeres como Margarita Mora o Rita Mora, la acción social de ellas fue mi referencia de vida”.

Un cambio es necesario

Lorena menciona que, para conseguir un mayor reconocimiento del trabajo de todas las mujeres, es indispensable un cambio político, en el sentido de que debe guiarse por el principio ético de valorar todos los aportes que cada una de ellas han dado a nuestra vida y  comunidad.

La vida de Lorena ha sido marcada por grandes mujeres que la apoyaron, desde sus profesoras de escuela, sus vecinas, sus maestras de danza en la Universidad Autónoma de Nuevo León, quienes le incitaron a sacar dos carreras y le ofrecieron trabajo al ver su talento, sus familiares, sus amigas, todas ellas la han ayudado a ser una persona fuerte, una líder positiva, un referente para aquellas que también buscan el mismo fin: Belén más libre, más expresivo, más sano.

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