mayo 12, 2026
En la imágen se aprecia al cura Antonio del Carmen Monestel, Juan cumplido en la caricatura del 21 de enero de 1905, p 1 y las primeras instalaciones de la Escuela Espana. Material recopilado por Daniel Alvarado Luna.

En la imágen se aprecia al cura Antonio del Carmen Monestel, Juan cumplido en la caricatura del 21 de enero de 1905, p 1 y las primeras instalaciones de la Escuela Espana. Material recopilado por Daniel Alvarado Luna.

Reforma Educativa

La Reforma Educativa de 1884, que promovió la centralización y secularización del sistema educativo, desencadenó un profundo conflicto entre el Estado y la Iglesia. Esta última vio disminuir su influencia en materia educativa y reaccionó con preocupación ante un modelo de instrucción basado en el libre pensamiento, la ciencia y los valores humanistas y democráticos. Además, se le comenzó a exigir colaboración con los centros escolares administrados por el Estado. 

Para enfrentar esta reforma, la Iglesia la condenó desde el púlpito y en la prensa, apelando a argumentos morales y espirituales. También instó a las familias a no enviar a sus hijos a las escuelas estatales. Dado el prestigio del clero, muchas personas acataron estas recomendaciones; aunque una parte importante de ellos lo hizo más bien porque el sistema escolar interfería con las responsabilidades de niños y jóvenes en la economía familiar.

En 1886, producto de dicha reforma, se creó el distrito escolar de San Antonio, lo cual incluyó una escuela de varones y otra de niñas, que dieron hasta tercer grado. Esto fue un hito importante en la historia de Belén, fundamentalmente por constituirse como la primera institucionalidad secular del cantón. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que el eco del conflicto entre Estado e Iglesia por la educación llegara a esta pequeña localidad. 

Director contra Cura

Entre 1896 y 1898, se produjo un intercambio polémico en la prensa entre Filadelfo Leiva, director de la escuela de varones de San Antonio, y un grupo de vecinos vinculados a la causa eclesiástica —entre ellos Esteban Murillo, Fermín González, Julián González, Leopoldo Castillo y Elías Carvajal—, liderados en el ámbito local por el sacerdote Antonio Monestel. Uno exponía sus argumentos en La Prensa Libre, de orientación liberal; los otros respondían desde La Unión Católica, y La República alineados con los intereses de la Iglesia.

 El conflicto se desató en 1886 cuando Leiva denunció que, tras solicitar la tercera parte de los ingresos de un turno organizado por la Iglesia para financiar la escuela, el cura Monestel reaccionó con enojo y comenzó a instar a los padres a no enviar a sus hijos al centro educativo, lo que muchos efectivamente hicieron. En su nota, Leiva enfatizó en los daños que este tipo de acciones causan al sistema de enseñanza, y llamó al Ministro de Instrucción a actuar para evitar más de estos “abusos del clero”. 

Posteriormente, el grupo de vecinos conservadores, y el equipo de redacción de la Unión Católica, acusó a Leiva de difamar al cura, a quien describieron como una figura respetable y ampliamente apreciada por la comunidad. Argumentaron que el llamado de Monestel a no enviar a los niños a clases fue anterior al conflicto por el turno y se dirigió únicamente al grupo de tercer grado, donde Leiva impartía lecciones, pues, desde la perspectiva del sacerdote, su labor docente resultaba indignante, por sus frases impías. Criticaron a La Prensa Libre por prestarse mancillar la honorabilidad del cura

Una editorial de La Prensa Libre respondió a lo que calificó como “la guasa y charlatanería acostumbrada” de La Unión Católica. Afirmó que, independientemente de si Leiva decía la verdad o no, lo verdaderamente preocupante era el boicot educativo promovido por la Iglesia y el acoso sistemático hacia los maestros liberales. En ese contexto, exigieron al Ministro de Instrucción Pública que interviniera para frenar cualquier acción que atentara contra la “ilustración de las masas”.

Por su parte, Leiva continuó participando en la discusión, defendiendo que su solicitud se apegaba a las disposiciones legales, aunque el agente de policía local, Leopoldo Castillo, se negara a intervenir. Además, argumentó que su petición respondía a una necesidad concreta, ya que la escuela funcionaba en condiciones precarias: sin útiles, muebles, biblioteca ni espacio suficiente. Según él, los niños recibían clases hacinados, incómodos, escribiendo en sus piernas o directamente en el suelo. Criticó la actitud de quienes respaldaban al cura, a quienes acusó de mezquindad, y expresó su indignación porque “les importe más el cura que la educación”. Para Leiva, quien promueve el “adelanto material, moral e intelectual” no puede ser considerado un enemigo de la religión ni de la Iglesia.

Finalmente, en 1898, un grupo de belemitas publicó en La República un comunicado en el que celebraban la “resolución del conflicto escolar” y agradecían al cura Monestel por su intervención. En el texto se destacaba la importancia de la unidad y la moral como pilares del progreso, y se hacía un llamado a dejar atrás las disputas pasadas y promover la reconciliación.

Escuela España

Se desconoce con certeza cuáles fueron los acuerdos que permitieron que el sector religioso del cantón se diera por satisfecho y llamara a dejar atrás el conflicto. Lo cierto es que las preocupaciones de Leiva sobre la precariedad de los centros escolares persistieron, y para inicios del siglo XX —posiblemente por iniciativa de la propia población, interesada en contar con un espacio adecuado para la educación— comenzaron a plantearse mejoras. De esa preocupación, y bajo el impulso de figuras locales afines a la secularización social, surgió la Escuela España. Tampoco se conoce cuál fue la reacción de Antonio Monestel y su círculo ante este hecho. 

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