Rita Eugenia Guido: una fuerza comunal imparable


Rita Guido es la persona que está al frente de la Asociación de Desarrollo de La Ribera.

Luis Zárate Alvarado

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Rita Eugenia Guido Quesada es una persona con una fuerza para el trabajo comunal extraordinaria que, combinado con un carácter fuerte y firme, da como resultado una mujer sobresaliente.

Propios y extraños la conocen como la secretaria de la Asociación de Desarrollo de La Ribera, pero la huella de Rita es más profunda; a lo largo de su vida integró Juntas de Educación y Patronato Escolar, de la escuela Fidel Chaves Murillo y del Liceo bilingüe de Belén.

También conformó, por más de dos décadas, la Junta de Salud que pujó por años, por la construcción del nuevo Ebais de La Ribera, hoy una realidad.

Sin embargo, la Asociación de Desarrollo le robó su corazón; desde su juventud, a los 15 años, se convirtió en asambleista, más tarde, a los 25 años, formaría parte de la Junta Directiva por varios periodos. hasta ejercer el puesto de secretaría ejecutiva; su sueño hecho realidad.

Desde ahí, se encarga de mover la máquina comunalista que permite a más de 300 belemitas llevar 14 diferentes cursos en 30 grupos de diversas edades, donde se enseña música, pintura y mucho más. Esto en colaboración de la Unidad de Cultura, como parte del programa de descentralización artística.

Para Rita, esta labor por la comunidad y el bien del pueblo “es una pasión y una adicción”.

Quien conoce a nuestro personaje, sabrá muy bien que ese ímpetu por la labor comunal no viene sola, se acompaña de un carácter fuerte que ella misma forjó desde su niñez, y lo tenía claro: “no iba a manejar un patrón de mujer sumisa, ni de mujer sin derecho a tomar sus decisiones, o dejar de opinar de lo que fuera”, declaró.

“Gracias a Dios, nací en este tiempo, porque si hubiera sido en tiempos del machismo, me hubieran quemado muchas veces, toda la vida fui rebelde”, declaró.

Su papá, Secundino “Cundo” Guido, jugó un papel preponderante en la formación del carácter y fuerza de Rita porque, según dijo: “siempre me permitió hacer de todo”, hasta volar machete, contó.

“Siempre he tenido esa personalidad; yo hago lo que me parece sin importar el qué dirán, mientras esté contenta, mientras haga las cosas bien y sin afectar a nadie, voy para adelante”, argumentó.

Entre las enseñanzas de Cundo, recordó: “aprendí a ayudar siempre que pudiéramos; honradez ante todo y dar los dones que Dios nos dio”, puntualizó.

Otra  herencia de su padre es no trabajar para el halago o el reconocimiento,“uno no está en estas cosas, para que se lo agradezcan, ni para que le pongan placas con nombres, nunca he estado de acuerdo con eso, mi papá se robaba las placas con el nombre de él, nunca le gusto, y yo creo en eso”, declaró.

Para ella, la satisfacción es ver los proyectos concretados y transformar vidas a través del arte y la cultura. “El motor para seguir por muchos años, es ayudar a cambiar a la gente. Uno ve el cambio de vida cuando se empodera a un niño que viene de un hogar de mucha agresión y con el arte y la cultura se transforma”, concretó.

Trabajo y familia

La historia de Rita la completan su familia, es casada con José Villegas, y sus hijas, Susana y Claudia, desde bebés acompañaron a su mamá en un sin de reuniones de todo tipo.

Sin embargo, aún falta más, porque como bien es sabido, formar parte de juntas directivas es una labor voluntaria, Rita al mismo tiempo, se desempeñaba como encargada de la administración de un taller mecánico, “porque hay que traer el arroz a la casa”.

Rita también agradeció a su esposo por todo el apoyo que siempre le brindó, y aseguró que su familia siempre ha entendido esa pasión por la labor comunal.

Pasan factura

Ser una mujer de carácter fuerte en un mundo machista le ha pasado factura a nuestro personaje: “tengo enemistades, pero es porque no toleran que sea una mujer la que marque el ritmo”, declaró.

A la vez lamentó que “la sociedad no está preparada para que una mujer mande”.

Reveló que muchas veces le han rechazado algunas propuestas, “no porque no están bien, sino porque las dice una mujer”.

Rita lo tiene claro: no hay diferencia entre hombres y mujeres. Ella es ejemplo ya que aseguró que le entra a cualquier trabajo, desde cambiar la llanta del carro, hasta pintar las paredes del salon comunal.

“Las mujeres somos las que ponemos los límites, somos capaces de hacer mucho, aquí en la Asociación me han ayudado mucho, aquí hacemos de todo”, puntualizó.

Rita lanzó el reto a otras mujeres para que participen en los cursos de empoderamiento impartidos por la Oficina de Igualdad y Equidad de la Municipalidad, las invitó a dejar el miedo y a asumir roles de liderazgos en sus barrios. “Creo que todas tenemos potencial muy grande; tenemos gran capacidad y podemos hacer muchas cosas”, reveló.

Y remachó: “la mujer puede asumir puestos de liderazgos, somos nosotras las que nos ponemos los límites”.

Los retos de este personajes se centran en su labor de la Asociación de Desarrollo, ya que, según reconoce, se requiere de gente que se acerque, con buenas intenciones, a trabajar y dar su aporte en la construcción de comunidad.

A la vez, admitió la urgencia de que esa organización se reinvente, se abran más espacios y se busquen recursos para ser autosuficientes.

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