Alba Rosa Villalobos: la mujer que lideró la reconstrucción de una iglesia


Doña Alba junto a la imagen de la Virgen de Fátima

Luis Zárate Alvarado

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Alba se caracteriza por ser una mujer independiente, valiente y que no le teme a enfrentarse a la vida ni a los retos que esta le presenta. Ejemplo de ello fue su papel protagónico en la reconstrucción de la iglesia de Fátima.

Durante 10 años, Alba se involucró en las comisiones que tenían como objetivo reconstruir la iglesia de Fátima, las cuales terminó liderando, para sacar avante el proyecto.

En sus inicios, la reconstrucción de ese sitio apenas era una idea que se analizaba. Esa comisión se dividió y se formó un grupo para recaudar fondos, del cual doña Alba no formaba parte, “yo decía que eso costaba mucho y no quería estar de ese lado”.

Una vez Alba se encontró con Diego Aguilar (QdDg), uno de sus ex patrones, y le pidió colaboración y así se empezó a involucrar con la recolección de fondos, pronto lograría más donaciones y así recaudaron el dinero.

“Ya estaba la plata, pero la comisión no se movía, y así pasaron 4 años, entonces comenzó la gente a irse y nos quedamos sin comisión, pro construcción de la capilla, entonces el padre Horacio Arias conformó otro grupo que asumió ese reto”, contó.

Fue entonces que contrataron a un arquitecto, se le dio visto bueno para el diseño y los planos. El paso a seguir era sacar los permisos, pero otra vez la comisión fallaba y no se movía el asunto.

“Yo dije, esto lo puedo hacer, yo lo hago, y empecé. Mientras trabajaba pedía permisos para ir a la Municipalidad, a la póliza del INS, la oficina parroquial me ayudaba. Lo que me llamó la atención es que las puertas se me abrían, nadie de los que yo llamé me dijeron “no se puede”, relató.

Se fue a la Municipalidad para pedir el permiso de construcción, pero encontró trabas, esto atrasó el inicios de las obras, “cualquiera hubiera dejado todo, pero esa no era la idea mía, después de tanta lucha dieron el permiso”.

Una vez que arrancaron las obras, su lucha no terminó ahí; debido a que aparecieron gastos imprevistos. Durante las excavaciones del terreno, apareció agua en la propiedad, por lo que se incurrió en compra de material para subsanar la situación. 

Además, los vecinos denunciaron la posible afectación de una acequia que pasa por el lugar, por lo que la Municipalidad frenó los trabajos.

Todo eso se solucionó y siguió adelante el proyecto con Alba como única responsable: “hice todo sola, aprendí mucho”, rememoró. 

En ese momento, quien falló fue el constructor, que no dio a la talla, “yo de una vez le hablé al padre Horacio y le dije que no soportaba, que me sentía muy sola y el proyecto era muy grande. El párroco me apoyó y seguimos adelante”, contó Alba.

El 13 mayo del 2018, monseñor Ángel Sancasimiro ofició misa y bendijo el templo nuevo.

Una de las enseñanzas de esta experiencia es que, “no hay que darse por vencida aunque nos quedemos solas, la lucha es constante”.

“Nunca he dependido de ningún hombre”

Doña Alba vive frente a la Casona del Pollo en Fátima. Nació en La Cañada y allí pasó buena parte de su niñez. Sus padres se llaman Miguel Angel Villalobos conocido como “Guelo” y Maria Cecilia Arroyo. Ella es parte de una familia de 11 hermanos.

Desde la niñez, los padres de Alba tenían claro la importancia del estudio, gracias a lo cual impulsaron que su hija estudiara. En aquellos años llegar a la escuela de La Ribera era toda una travesía, ya que se debía caminar entre calles llenas de barro y en medio de cafetales. 

Alba terminó la primaria y, posteriormente, inició la secundaria en 1975, en el recién inaugurado Liceo de Belén. Su formación la terminó en el Vocacional de Heredia, donde se graduó en secretariado.

Confesó que uno de las razones por la cuales se empeñó en prepararse fue que a ella no le atraía la idea de laborar en una fábrica, que era lo común en aquellos años, “meterme en una fábrica no era para mí”, según dijo.

“En aquella época, la necesidad era mucha y había que trabajar, aportar a la casa y ser responsable, a parte de eso mi papá murió a mis 20 años y mi mamá quedó viuda con mis hermanos menores de edad. Había que traer comida”, rememoró.

Hizo una pausa laboral para cuidar a su madre enferma y estuvo a su lado hasta su fallecimiento. 

Aquel tiempo fue un periodo de transformación, ya que, además, llegaron a su vida Joel y Francella, que se convirtieron en sus hijos del corazón y que le otorgaron el título de madre y que aún son dos razones para ver la vida con valentía y esfuerzo.

Ha trabajado en el Depósito San Antonio, donde Fico, durante 18 años de su vida y, gracias a lo cual ha podido sacar adelante, ella sola, a sus hijos.

Sobre su trabajo en el Depósito San Antonio, su rol es en cajas y crédito, comentó que ya se siente parte de la familia dueña de ese negocio, “es gente muy buena y espero pensionarme ahí”, confesó.

“Nunca he dependido de ningún hombre, siempre hemos salido adelante por mis propios medios”, agregó.

“A las mujeres que pasan dificultades, hoy les digo que confíen en Dios, que crean en ellas mismas, que se convenzan que nosotras podemos seguir adelante a pesar de los obstáculos de la vida, una sola puede lograrlo, hay que creérselo”, comentó.

“Las mujeres deben entender que sí se puede hacer”, finalizó.

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