Una mirada hacia adentro


Yendry Delgado Aguilar*

Comenzar un nuevo año es comenzar un nuevo ciclo y ello trae consigo el planteamiento de nuevas metas para cumplir nuestros sueños: terminar los estudios, un nuevo trabajo, un viaje, escribir un libro, aprender a hacer algo nuevo ¡Hay tantas cosas podríamos mencionar! Lo importante es tener claridad de lo que queremos y, una vez planteado el objetivo, preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo. «Todo esfuerzo, merece su recompensa», dice una amiga mía. Una vez que estemos dispuestos a realizar ese «sacrificio» en aras de nuestra meta, lo que viene es que tomemos acciones cotidianas y concretas: ahorrar dinero, estudiar todos los días, dar lo mejor de mí en el trabajo, practicar a menudo, etc. Y todo esto suena maravilloso en el papel, pero ¿cuántas veces nos saboteamos a nosotros mismos con nuestros propósitos?

Nos postergamos, nos dejamos para después, «mañana empiezo», «fijo la próxima semana», «el otro mes, es que este está complicado» y así pasa el tiempo y no logramos avanzar. Una técnica efectiva es observarnos a nosotros mismos, separarnos y mirarnos en lo que hacemos, lo que pensamos, las excusas que nos contamos y nos convencemos de eso. Hacer este ejercicio nos coloca en una posición distinta y, desde ahí, se hace más sencilla la toma de conciencia.

Analizar nuestros diálogos internos es de gran ayuda. Hace unos días, me comentaba una señora: «Yendry, yo me levanto peleando, aunque no hable con nadie, en mi mente estoy enojada y peleando». Darse cuenta de eso, le ayuda más fácilmente a salir de ahí y cambiar de «guión», ya que los pensamientos nos llevan al sentimiento y a la emoción. Si nuestros pensamientos son controlados y utilizados a nuestro favor, maravilloso; sino, estos nos pueden dar una mala jugada y sumergirnos en estados de angustia, enojo, apatía, entre otros.

Aún, en el estrés sano de lo cotidiano, (este que nos hace levantarnos por la mañana para realizar nuestras tareas), podemos mantener estados emocionales de tranquilidad si controlamos a «la loca de la casa», como decía Santa Teresa de Ávila: la mente. Otra técnica para ser conscientes de nosotros mismos es la respiración. La mayoría del tiempo respiramos a medias, sin utilizar toda la capacidad de nuestros pulmones. Hacer respiraciones profundas y sostenidas nos armoniza, nos pone en contacto con nuestra situación interior y, una vez allí, podemos tomar decisiones conscientes y no andar en «automático» por la vida.

Se recomienda, sacar un rato durante el día, preferiblemente antes de dormir, que es el espacio donde estamos más tranquilos, hacer un repaso consciente de nuestras emociones, ojalá lo podamos hacer en cada instante, dónde estoy, cómo me siento, cuál es mi actitud mental. Eso sería maravilloso, porque viviríamos nuestra vida de momento en momento, estando presente en el aquí y en el ahora, conscientes de nosotros mismos, pero en estos tiempos es un poco más difícil. Entonces, el ejercicio de hacer ese repaso en la noche, es más factible y nos ayuda a ver nuestras reacciones negativas ante las situaciones que se nos presentan y evitar enojarnos, entristecernos o «andar con ansiedad», padecimiento que está de moda, que en realidad son ataques de pánico.

Una mirada hacia adentro, para descubrir lo que realmente somos y lo que no nos guste podamos corregirlo, una mirada hacia adentro para ser dueños de nosotros mismos.

 

*Vecina de San Antonio, Consultora en Flores de Bach, Código CST-2018-0709Y

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