Un día en la Botica Principal: Un cuento ficticio de la Botica de Don Billo y Javier Sánchez*


La tercera ubicación de la Botica Principal, desde la época en que se tomó la foto (70’s u 80’s) y hasta la actualidad, sigue siendo la casa de la familia Sánchez Cerdas.

Por Ulises Araya Chaves

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La noche del viernes 23 de setiembre de 1976, el joven matrimonio Campos Porras cumplía tres días sin dormir. Su bebé Juan Ignacio -de tan solo ocho meses- sufría de una terrible calentura y, para agravar el asunto, no tomaba ni comía nada.

 

No había servido de nada las medicinas que habían comprado en la pulpería de Fátima. Una corazonada les decía que la situación no andaba nada bien. Llegados a este punto, solo quedaba una alternativa: visitar a don Javier Sánchez en su Botica de San Antonio.

 

La Botica Principal era bastante famosa, realmente era un botiquín, que es lo mismo, pero más pequeño. Hasta ella se desplazaban no solo los belemitas, sino los vecinos de San Rafael y de Santa Ana. Si bien, los padres de Juan Ignacio conocían que don Javier Sánchez y su esposa doña Carmen Cerdas se despertaban incluso en la madrugada, para atender pacientes que acudían a sus servicios, ellos quisieron esperarse hasta el amanecer para llevar allí a su retoño. 

 

Así las cosas, a la mañana siguiente se apersonaron muy temprano a la Botica Principal, está ya tenía algunos años de haber sido trasladada a su nueva ubicación, 75 oeste de la plaza de deportes de San Antonio. 

 

Anteriormente la Botica había estado contiguo a la cantina de Julito Chaves, en tiempos en que todavía estaba en vida don Billo Sánchez. Sin embargo, esa no había sido su primera ubicación, sino la segunda. El primer local donde estuvo la Botica fue contiguo a la cantina de Lito Peraza, en el ya lejano año de 1916, ahí fue donde su hijo Javier aprendió, al igual que su padre, de forma empírica los aspectos básicos de la medicina. 

 

Cuando la pareja llegó, don Javier se encontraba con un paciente cuyo problema no era tanto corporal, sino emocional, situación que no era extraña en el lugar; pues la sabiduría y experiencia, le hacían comprender al boticario que la salud mental era igual o más importante que la salud física. 

 

Doña Carmen anunció la visita de la pareja y, de forma cortés, don Javier le pidió al paciente que por favor lo disculpara un momento y le esperara en la sala.  De inmediato hizo pasar a los acongojados padres con su bebé. 

 

Luego de una revisión cuidadosa, de tomar la temperatura y de descartar cualquier mal, don Javier sonrió y miró a los ojos de los padres.

 

-No se preocupen. Vean, vayan a la sala con mi esposa y empiecen a darle masajes por la zona intestinal y del recto al pequeño Juan Ignacio. Este bebé lo que ocupa es dar del cuerpo y ya verá como inmediatamente se pone mejor. 

 

Así lo hicieron. Eran las 8 de la mañana y ya había una fila de varios belemitas que llegaban por consulta o por unos “papelitos” para los males de sus familiares. 

 

En la sala, Carmen Cerdas y doña María haciendo caso a la instrucción, empezaron con los masajes. Fuerte, pero con cariño, pasaban la mano por el estómago del enrojecido bebé, este lloraba y lloraba hasta que de repente… 

 

El pañal cargado fue cambiado de inmediato y, como si fuera un milagro, con el pañal se fue la calentura y el color enrojecido del bebé. Juan Ignacio volvía a reír y la felicidad inundó la cara de los acongojados padres. 

 

La familia Campos Porras se retira a su casa y nunca olvidarán la satisfacción de ver la salud brotando de la cara de su retoño, todo gracias a la pericia médica de Don Javier Sánchez Borbón. 

 

Mientras tanto, en la Botica el día apenas comienza. Javier y Carmen atenderán una docena de pacientes más, igual que lo hacía en su momento don Billo desde 1916, e igual que lo hacía y lo seguiría haciendo don Javier desde que tomó las riendas de la Botica en 1948, labor que ejerció hasta incluso ya estando muy avanzada su enfermedad.

 

En el año de 1986, Don Javier pasaría el lado invisible de la vida, siempre acompañado del agradecimiento eterno de un pueblo, que hasta el día de hoy agradece a él y su padre Billo, por todos los cuidados que brindó a la salud de los hijos de Belén. 

 

*Cuento basado en una entrevista a Javier Sánchez Cerdas, Patricia Sánchez Cerdas y David Rodríguez Sánchez

**Fotografías por Emmanuel Hernandez.

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