“Tener la razón”: cuestión del ego


Yendry Delgado Aguilar*

En las últimas semanas, hemos estado viviendo situaciones tensas, tanto a nivel nacional como internacional. La huelga de los trabajadores del sector público ante una política pública ha polarizado de nuevo a la población costarricense. Este año, se ha visto particularmente influenciado por posiciones radicales que sacan a la luz muchas de nuestras profundas creencias.

La preocupante situación migratoria en nuestra región centroamericana, debido a Gobiernos incapaces de resolver encarnadas crisis sociales, hace que las personas busquen soluciones individuales por la impotencia que genera no poder avanzar en sus aspiraciones de vida.

Cada persona tiene su posición ante las diferentes situaciones que se le presentan en la vida; cada quién, desde su lugar, interpreta la realidad. Si llevamos esto a extremos, corremos el riesgo de seguirle el juego al ego, que siempre quiere tener la razón a cualquier precio, sin importar que se pierdan vínculos con personas que apreciamos.

El ego nos vacila, enreda, pone densos, nos hace equivocarnos una y otra vez; salta de un lado al otro muy hábilmente, se escabulle entre el enojo, el miedo, la vergüenza, y la culpa: no fluimos con armonía.

Si lo aterrizamos en nuestra cotidianidad, lo veremos claramente: en carretera, es una competencia sobre quién se mete primero, y cómo esto exaspera a los otros conductores; en el barrio, alguien parquea su carro obstaculizando nuestra salida y los insultos afloran; en la familia, perdemos la paciencia con los niños, los adolescentes, la pareja y los padres.

En general, sucede mucho porque pensamos solo desde nuestro lugar. “Las cosas son como yo creo que son y, si no son así, me estreso”. Con esa reacción, le hacemos muchísimo daño a nuestro cuerpo, ya que lo sometemos a reacciones químicas que lo van enfermando poco a poco solo por creer que tenemos la razón.

Una sugerencia es respirar profundo, ser consciente del lugar donde estamos y, por unos momentos, ubicarnos en la posición del otro, tal cual se presenta en la imagen.

Moverse de lugar y observar desde la otra acera es un buen ejercicio para una saludable convivencia. Puede que desde el otro lado se entiendan los “porqués” del otro. No necesariamente estaremos de acuerdo, pero podemos comprender, desde el corazón, si observamos con otra perspectiva diferente a la nuestra. Así, no será solo una cuestión del ego, que se justifica una y mil veces para tener la razón.

¡Más corazón, menos razón!

*Vecina de San Antonio, Consultora en Flores de Bach, Código CST-2018-0709Y

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