Olvidémonos de los “Malls”


Vista aérea del Real Cariari

Es hora que los belemitas construyan un nuevo paradigma respecto a la manera en cómo nos relacionamos como comunidad y de cómo convivimos entre nosotros, y en este nuevo panorama es necesario que nos olvidemos de los grandes centros comerciales, los llamados Mall como una opción.

En esta edición, damos noticia de la decadencia en la que cayó el muy recordado Mall Real Cariari, uno de los primeros enormes macizos comerciales que se construyeron en el país y que ahora está en su ocaso, entre otras razones, por la llegada del comercio electrónico.

Es necesario destacar que a nivel mundial los mall cedieron terreno y que incluso, en Estados Unidos, lugar donde nació este modelo de consumo, cada vez pierden más clientes e incluso grandes tiendas se vieron obligadas a cerrar.

Nosotros como comunidad tenemos que estar conscientes que ni este centro comercial, ni ninguno otro, debe ser el eje central por donde nos relacionamos con nuestros vecinos.

La decadencia de los mall y la pérdida de su prominencia como opción de entretenimiento familiar, abre todo un abanico de posibilidades para la adecuada gestión  de opciones comunitarias que contribuyan realmente con la identidad, la cultura, el deporte y la buena vecindad.

Ahora, resulta urgente que las autoridades nacionales y locales se concienticen que este cantón necesita de teatro, museos, conservatorios y mejores parques; estas deben ser las opciones reales de entretenimiento.

Aunado a lo anterior, es necesario repensar o relanzar los famosos turnos o fiestas patronales, que luego de años de organizarse, requieren de nuevas ideas para su sobrevivencia. También es urge organizar nuevamente eventos como los que hace algún tiempo atrás  tuvieron un gran impacto en los barrios; ejemplo las mejengas de fútbol entre distritos.

La historia de Belén demuestra que esta comunidad tiene lo necesario para concretar y desarrollar  opciones inteligentes de entretenimiento, pero lo que ha faltado es visión, compromiso y recursos tanto económicos como materiales.

Ahora que los centros comercial resultan obsoleto y se transforman en centros corporativos, se abre otro oportunidad, ofrecer entretenimiento cultural a las personas que ahí laboral, lo cual a la postre incentiva la llamada economía naranja (cultural).

Sin embargo, después de transcurridos casi 2 décadas del siglo XXI, solo nos queda soñar por un teatro, un auditorio, una orquesta, un museo y más.

Aún, estamos muy lejos de construir opciones de entretenimiento cultural, a no ser que tomemos conciencia de esa necesidad y decidamos hacer un alto y cambiar el rumbo del cantón.

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