La casa pastoral Monseñor Monestel: una esquina referente de la historia belemita


Así luce actualmente la Casa Pastoral Monseñor Monestel.

Luis Zárate Alvarado

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Hay una esquina de San Antonio que se merece ser catalogada como referente de la historia social y arquitectónica de nuestro cantón. 

Es referente porque es de las pocas edificaciones que ya superaron el siglo  desde que se construyó; además, es parte del legado que impulsó la Iglesia Católica en nuestra comunidad.

Detrás de sus altos muros exteriores, fríos y serios, se esconde en su interior un bello y acogedor jardín, a la usanza romana o arabezco, que podríamos decir, único en su tipo en nuestra comunidad. 

Este es el hermoso jardín que se encuentra en este emblemático edificio.

Sus aposentos han acogido a familias damnificadas por desastres naturales, ha sido convento de monjas, hogar para rehabilitación de adictos, Casa Cural y centro de enseñanza. Asimismo, fue la primera sede de la Clínica del Dolor y del Cuerpo de Bomberos de Belén. Actualmente, es la Oficina Parroquial y alberga la capilla del Santísimo.

Se trata de la casa pastoral Monseñor Monestel, ubicada en la esquina noreste de la plaza de San Antonio. sitio que todo belemita identifica.

Para contar la historia de este sitio, recurrimos a Pascual Arroyo, un vecino que durante al menos 25 años de su vida, se ha dedicado a recopilar la historia de algunos sitios de Belén.

Relató que este edificio fue construido a finales de 1800, por mandato del padre Antonio del Carmen Monestel y Zamora, para que sirviera como Casa Cural. El terreno donde se ubica también fue donado por dicho cura. 

Las vigas que sostienen la estructura son de la misma madera utilizada a finales de 1800.

Para 1916, Monestel es nombrado obispo en Honduras, por lo cual se va de nuestra comunidad y, entonces, llegó el padre Borges, quien tomó su lugar en dicha casa.

Contó Pascual, que en aquel tiempo llegaron a nuestra comunidad, por alguna razón, unas monjas que fueron expulsadas de El Salvador y el padre Borges les dio el edificio para que se instalaran, a cambio, debían impartir clases. Fue cuando este lugar pasó a conocerse como “Jardín de niños Benedicto XV”.

Al regreso del obispo Monestel, se encontró con que su casa cural estaba ocupada, y esto dio paso para escribir un capítulo muy curioso en la historia belemita.

Monestel impulsó la construcción de una nueva casa sobre la gruta que se ubica a un costado del templo católico, pero el padre Borges rechazó la idea.

Eso provocó que el pueblo se dividiera entre los monestelistas y los borejistas y, cuenta Pascual que la diferencia fue tal que poco faltó para ambos bandos se enfrentaran a machetazos.

Todo se solucionó cuando un parroquiano donó el terreno donde actualmente se ubica la casa cural.

Cuando las monjas se retiraron del lugar, el sitio fue ocupado por familias, como la de Monseñor Arrieta.

 Las paredes del edificio están construidas de ladrillo y argamasa.

En 1990, a raíz del terremoto de Alajuela, la Casa Cural fue el refugio de muchos vecinos damnificados que vivían en la zona de San Vicente, siendo ese su hogar por hasta 10 años. 

En 1998, la famosa tía Tere tuvo aquí un hogar, que sirvió de albergue para personas con problemas de drogas, labor que se sostuvo hasta alrededores del 2008.

Entrado el nuevo siglo, el padre Enrique Solís, junto con la Junta de la Iglesia, se dio a la tarea de remodelar la casa cural para conservarla tal cual está hoy.

Dentro del edificio se conserva una imagen de San Pedro, tallada totalmente en madera.

Pascual enfatizó que en su remodelación se buscó conservar los detalles originales, tal como los pisos, se cambiaron mosaicos, el cielo raso, alguna decoración, entre otros.

Para entonces fue bautizado como casa pastoral Monseñor Monestel, en honor a su constructor. Actualmente funciona como oficina del cura párroco.

El edificio fue construido en ladrillo de barro colocado de manera cruzada, pegado con argamasa y sin varilla. En su interior, se conserva el repello original, a diferencia del exterior, que no es el auténtico. 

“Este edificio es un icono para Belén, es invaluable por su historia y por todo lo que ha pasado por acá”, recalcó Pascual Arroyo.

“Belén es un cantón de apenas 112 años, donde algunas casas de adobe se han perdido y los edificios históricos son contados”, lamentó. 

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