febrero 20, 2024
Imagen con fines ilustrativos.

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Cristina le contestó que estaba bien; aunque en el fondo sabía que si Lucy le pedía los temas, ella estaría dispuesta a dárselos. Caminaban por la Calle Ancha siguiendo hacia el este, cuando Francia dijo fatigada -Tinita, ¿vos sabés dónde vive Lucy? 

– No, pero ella siempre va por esta dirección. Pregúntele a ese policía, tal vez él sepa si hay por aquí un residencial. ¡Ah, no pregúntele usted! -Exclamó Francia. Y siguieron adelante, pasaron frente a una serie de casas desvencijadas, con puertas y ventanas alternas. En la esquina había un pleito de zaguates, el más grande se desprendió del grupo.

-Ese perro nos va a atacar, Cris, mejor nos devolvemos. – No Francia, ahorita encontramos la casa; voy a preguntarle a ese señor, que lleva el saco de frutas. Y Cristina corrió detrás de él– ¡Espere, señor!

-¿Qué quiere? Diga rápido, no ve que voy de prisa.

-No, no es nada importante, señor. El hombre cruzó la calle y se metió a una soda. Mientras tanto, Francia tocó con fuerza una puerta, y se dirigió a Cristina – ¡Nadie sale, Cris! – Esperamos, ¿o llamo a otra puerta?

– No, Francia, vámonos a la siguiente cuadra.

Cristina continuó, luego se detuvo, golpeó una ventana y se volteó para irse. De pronto oyó el traquido de bisagras y apareció una mujer gorda, con delantal de peto, húmedo y desteñido; se pasó la mano por la cabeza y exclamó sonriendo  – Perdonen hijas, que salga en esta facha es que lavo en el patio y si me tardo, las vecinas me dejan sin espacio en el tendedero. ¿Buscan a alguien?

-Sí, señora, a una estudiante del Instituto que está enferma- respondió Cristina. Hemos caminado bastante y no encontramos la casa.

– Estamos perdidas, ella vive en una casa grande  – agregó Francia.

– Bueno, como ustedes pueden ver – dijo la señora frunciendo el ceño, en este barrio no hay ninguna casa grande; aunque más allá en la otra cuadra hay un residencial elegante tal vez allí viva su amiga. – Gracias, señora vamos a ver si la encontramos es una casa de dos plantas – reafirmó Cristina. 

-¡Ah! ¿Tiene dos plantas? 

-¡Ajá!- contestó Francia. Por casualidad, hija – ¿Tiene una entrada de amapolas?

– Sí señora, de amapolas azules, ¿queda cerca de aquí?- preguntó Francia.

– Bueno, no sé si será la misma, pero ¿ hay palmeras en el jardín? 

-¡Ajá! Y tienen una gata angora- Dijeron ambas.

-Así, la gatita se llama Moni.

– Sí señora – Contestó Francia- Es la misma ¡Qué dicha, al fin la encontramos! ¿Nos puede dar la dirección?

-No sé si allí vive la joven que buscan ¿Cómo se llama ella?  -Interrogó con gesto apagado la mujer.

– Lucila Artavia Castro, señora. ¿La conoce, usted? Sabe la dirección de su casa – Preguntó Cristina.

-¡Claro! – Susurró la señora- Aunque no puedo darles señas. A ella no le gusta que la visiten, sería una imprudencia de mi parte darles la dirección, eso me traería serias consecuencias.

– Entonces usted trabajó con su familia – dijo Francia – ¿Y la conoce bien?

-Por supuesto, de hecho cuando se enoja, coge cama y se queda acostada hasta tres días, luego se levanta y sigue con el berrinche.

-¿Y cuánto tiempo trabajó para esa familia?- Preguntó Cristina.

– Toda la vida y agregó – Niñas, ustedes van a perdonarme, pero la entrevista terminó, tengo que seguir lavando. 

–Está legal, señora; pero antes de cerrar la puerta, díganos a cuántos metros de aquí vive Lucy, le prometemos que ella jamás sabrá, que usted nos dio la dirección – exclamó Cristina, y sacó de la cartuchera el bolígrafo. La mujer se apuró a decir -No es necesario que la escriba.

 -Quiero tenerla en mi agenda – murmuró Cristina.

-Muchachas, ojalá no me descubran; conozco muy bien a Lucila, ella sería capaz de…

 -¡Ahh, por favor señora se nos hace tarde! Díganos de una vez por todas, cuál es la dirección – Insistió Francia.

La mujer con voz quebrada murmuró- Hijas, la hermosa casa de Lucila se ubica en un territorio profundo donde ustedes no podrían llegar. Hizo una pausa y con mirada húmeda continuó- Para ella yo también soy una ficción”.

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