Chester


 

Por: Gerald Castillo Zúñiga González

Estudiante de palabra creativa

 

En una aldea antigua, de más de años 50, un hombre llamado Gerardo tenía un
cierto perro muy especial llamado Chester. Este perro vivía muy feliz con su
esposa perruna, Makira, y su hija perruna, Luna, junto con su hijo perruno
adoptado, el gato Pons.

Esta era una familia muy feliz, pero un día Chester enfermó y al tiempo murió; ya
sé, esto parecerá triste, pero no lo es, ya que la familia sin el sustento de Chester,
pero con la ayuda de Gerardo, lograron hacer unas deliciosas galletas de perro,
con un sabor exquisito a zanahoria. Estas galletas fueron hechas por Makira, Luna
y el gato Pons, ellos junto con Gerardo las fueron a vender.

A los días, una familia les encargó una docena de galletas sabor a coco. Con el
dinero recogido, el gato Pons junto con Luna y Makira, tuvieron la idea de
incorporarse al mercado automotriz, comprando con este dinero algunos carros
para revenderlos, y con el dinero recaudado compraron cada vez más y más
autos.

Hasta que por fin obtuvieron suficiente dinero para comprar maquinaria para
realizar autos muy baratos, para obtener ganancias de ellos como para comprar
maquinaria de alta gama y así poder realizar algún día autos mejores que Porsche
o Ferrari.

Tiempo después de que su marca barata se había hecho famosa, decidieron
venderla al mejor postor y comprar maquinaria, robots y todo lo necesario para
hacer superautos. Su sueño casi estaba cumplido, pero todavía faltaba, porque
como todos sabemos, nada va a llegar sin esfuerzo, ya que Pons había
desaprovechado la venta de la marca de coches baratos y se la vendió a Tortuga
Samurai, una empresa de autos china que los estafó pagándoles menos de lo
acordado y dejándolos casi sin dinero para su proyecto.

La familia tuvo que empezar de nuevo a fabricar algunos coches para poder
recuperar el dinero perdido, para así lograr al fin comenzar su proyecto. Una vez
lograda su meta, decidieron emprender su visión con los coches de lujo y lanzar,
por primera vez, el primer superauto de la marca SIGIL, nombrado SIGIL
CHESTER, en honor al difunto padre de la familia.

Este auto contaba con calefacción en los asientos y otras muchas cosas que lo
hacían ser extremadamente caro, pero lo valía debido a que los dueños de la
marca eran de los mejores fabricantes de carros que existan en Norteamérica.
Después de un tiempo cuando vieron que los carros de gasolina ya eran casi
obsoletos, decidieron sacar su primer modelo totalmente eléctrico. Llamado así el
SIGIL MAKIRA F700, un súper deportivo de la marca de alta gama SIGIL total y
completamente eléctrico.

Este carro junto con muchos otros, por obvias razones, fueron un éxito. Tiempo
más tarde, SIGIL decidió incorporarse al mercado de los aviones y helicópteros,
fabricando motores para estos, pero como siempre solo lo distribuían en América.
Cuando se dieron cuenta de que distribuir todos sus carros y sus motores en un
solo continente era mala idea y les estaba dejando pérdidas, decidieron empezar a
distribuir todos sus productos en otros continentes.

Les fue tan bien que decidieron hacer además de sus carros y motores para
aviones y helicópteros, productos originales de la marca como gorras, lentes,
tazas, etc. Para así recaudar fondos y cumplir su otra meta aún más visionaria,
colonizar la vida humana a Marte.

Muchos años después lo lograron, pero eso sí, tuvieron que pasar por muchas
dificultades; sin embargo, lograron crear otra empresa visionaria de esta familia
llamada AURORA que como función tenía colonizar la vida humana en Marte. Un
mes después de su inauguración sacaron como prototipo el AURORA PONS 640Z
que tenía como misión llevar algunos astronautas a Marte para averiguar en qué
condiciones estaba este planeta. Cuando el AURORA PONS 640Z volvió a la
tierra con todos sus tripulantes sanos y una base construida en Marte para que
billones de humanos vivieran en ella, construyeron así el AURORA LUNA 964 que
tenía como misión transportar un millón de civiles a Marte, cuando lo logró
fabricaron el AURORA MAKIRA 590 que era para estar dándole mantenimiento a
la base terrestre de Marte.

Viendo la familia perruna junto con Gerardo todo lo que habían logrado, pudieron
seguir disfrutando de la vida viviendo felices para siempre.

¡¡Colorín colorado este cuento se ha acabado!!

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