abril 24, 2024

Trina Barboza: amante de los té y el Herediano

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Retrato de doña Trina Barboza. Foto cortesía de Flor Azofeifa Barboza.

Retrato de doña Trina Barboza. Foto cortesía de Flor Azofeifa Barboza.

roberto.rodriguez@periodicoelguacho.com

Trinidad Barboza Cambronero, mejor conocida como Trina Barboza, fue una mujer fuerte hasta el último día de su vida. Trabajó cogiendo café, haciendo limpiezas y planchando ajeno.

Ir a los té de canastilla era de lo que más le gustaba. Además, bailaba, le encantaba ir a los bingos y cuando había alguna persona difunta aprovechaba para ir al funeral.

“Era famosa. Se metía a la iglesia a cualquier muerto”, recordaba su hija Flor.

Es mejor darle un regalo a un pobre que a un rico y a donde sea que usted vaya siempre lleve el pan y el café, son algunas de las frases que Trina inculcaba.

Además, enseñó la caridad, el dar, no hablar de lo que no hay que hablar, llevar un buen regalo a los té de canastilla, e ir a misa.

“Como le gustaba mucho los té, me dijo que si le cuidaba los hijos para irse con la tía Adela. Yo le dije que sí, que se fuera. Ahí, comenzó a ir al adulto mayor”, mencionó Flor. 

“A mí me gustaba mucho acompañarla. Si ella no tenía plata Adelita o yo teníamos”, descató. 

Cuando Adela falleció, Flor le dijo que no se quedara con los hermanos porque ella era una adulta mayor. “Ya hacerles el oficio a ellos no, ahí me la traje conmigo. Cuando regresó acá ya empezó a enfermarse”, agregó Flor.

Para navidad, en la silla de ruedas, Trina esperaba con un café y una bolsa de meneitos la medianoche para abrir el regalo. Entre los que recibió destacaba una muñeca y un oso, sus favoritos. 

Cuando tenía un antojo se lo daban. Le gustaba comer de todo. Cada vez que alguien salía le pedía algo, recordaban sus hijas.

“Uno iba a la pulpería y le decía: ¿Para dónde va? Tráigame un menieto, una paleta. Y al rato: Mito ¿no me lo trajo? – Claro mamita. Un chocolate o los helados ni para qué”, mencionó el nieto Juan. 

La afición al Herediano

Trina era una apasionada por el fútbol, en especial por el Herediano. Cuando este ganaba se ponía contenta, buscaba una camiseta, y la familia le ponía la canción de Heredia o la sacaban afuera con la bandera para ver los carros pitar.

Cuando habían partidos, evitaba verlos, se tapaba los ojos y solía preguntar sobre el avance y los resultados de estos.

“Bajaba los santos cuando jugaba Heredia, se ponía nerviosa. Decía: ¡¿ya, ya?! Dios guarde le quitaran el tele cuando había un partido”, mencionó Luz, otra de sus hijas.

Juan solía vacilarla. “Me llamaba: ¡Juancito! ¿Cuánto quedó el partido? – La Liga ganó. Se ponía brava”, recordaba. 

Una vez que perdió Heredia fue a dar al Hospital de Pavas por una semana. “Tuvimos que llevarla. Lloraba y pegaba gritos. Al tiempo ya estaba más tranquila”, recordó Flor.

Las fases de la vida

En 1956, Trina contrajo matrimonio en San Antonio centro con Fernando Azofeifa Madrigal, oriundo de Escazú. Para el casamiento una vecina les prestó el anillo porque no tenían recursos para adquirir uno.

Junto a Fernando, Trina tuvo 16 hijos, 2 pérdidas y, avanzado el tiempo, le asesinaron a uno de ellos por celos, según relató Flor.

Con todo el dolor sufrido, Trina decidió perdonar a las personas que le hicieron daño a su hijo, tampoco tomó pastillas. “Yo perdono a esa persona”, dijo a sus hijas.

Por mucho tiempo, Trina consumió alcohol acompañada de su marido. Cuenta Flor y Luz, sus hijas, que cuando a él lo atropelló un carro enfrente de la casa ella no se dio cuenta porque estaba tomada.

Para tratar esta condición, Trina comenzó a ir a grupos en Belén, La Ribera y La Asunción. “Al tiempo, ya comenzó tranquila, ya no le gustaba el rompope. Se sanó. También rápido dejó las pastillas del hospital de Pavas”, comentó Flor.

En sus últimos días, Trina vivió acompañada de su familia. “Nos acomodábamos con la pensioncita, la cual la ajustábamos para los pañales, recortar el cabello, pagar el adulto mayor y lo que sobraba para un regalito”, destacó Flor.

“Cuando ella murió, yo le dije que se fuera tranquila porque no iba a descuidar a los hermanos”, reseñó.

El 13 de octubre de 2022, Trina decidió cruzar el río para unirse con Adelita, quien la había antecedido años antes.

En este plano dejó, además de sus hijos e hijas, 28 nietos, 10 bisnietos y 4 tataranietos que la llevarán siempre en el corazón.

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