Las chequeadoras: dos valientes mujeres en un trabajo de “hombres”


Iris y Xinia son las dos chequeadoras que rompen esquemas en el transporte público belemita, junto con personeros de ABA.

Luis Zárate Alvarado

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Desde siempre, los puestos de trabajo relacionados con el transporte público, especialmente buses o taxis, son un terreno dominado por los hombres.

Por eso, cuando las mujeres irrumpen y se ponen detrás del volante de un bus o un taxi, llaman la atención tanto de los usuarios como de los medios de comunicación que corren a buscar a la primera chofer del cantón.

En este caso, vamos a contar la historia de dos valientes mujeres que todos los días trabajan rodeadas de buses, conductores apurados y usuarios urgidos de llegar a su destino.

Se trata de Iraidis Solano Solano y Xinia Alcázar, las dos nuevas chequeadoras de la empresa belemita Autotransportes Barrantes y Araya (ABA), que da servicio hacia Santa Ana, La Aurora y Heredia.

Ambas tienen una historia que contar: son madres, esposas, abuelas, luchadoras, empoderadas y dos belemitas valientes que rompen esquemas, ya que hoy se desenvuelven en un trabajo poco común para las mujeres.

Para que ellas llegaran a ese trabajo, fue necesario que la empresa ABA rompiera reglas autoimpuestas de solo contratar hombres. Apostaron al cambio y hoy los usuarios lo agradecen.

Tanto Iraidis, cariñosamente llamada Iris por sus compañeros, y Xinia obtuvieron estos puestos de trabajo gracias a la Oficina de Promoción Laboral de la Municipalidad.

A ambas las entrevistamos en la estación de buses de San Antonio, en medio de buses, ruido, carros y muchos pasajeros; un día típico en sus oficinas.

Todas somos capaces

Iris es casada con Johnny Rivera desde hace un año y viven en calle La Labor, no tiene hijos.

Aseguró que se esfuerza por hacer un cambio en el trato al cliente, “especialmente hacia las mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad, porque todos lo merecen”, advirtió.

Iris dijo estar consciente que está rompiendo esquemas y etiquetas, “a veces se cree que solo los hombres pueden, pero hemos demostrado que nosotras tenemos la capacidad”, aseguró.

Reveló que lo más difícil de su oficio es que deben ser muy estrictas con la hora de salida de los buses y, a veces, la gente se enoja, porque se les cierra la puerta del bus.

“Hay que borrar las etiquetas que dicen que la mujer es débil, que no puede, que solo es un trabajo para hombres; eso hay que borrarlo. Podemos hacer las cosas y hasta mejor”, sentenció.

La abuela-madre chequeadora

A Xinia Alcázar la vida no le ha sido fácil; ella se le puede reconocer como de esas personas que ha luchado durante años, para sacar adelante a los suyos.

A los 55 años, le tocó salir de su casa, en barrio San Vicente, para buscar trabajo. En su hogar, quedaron sus tres nietos de 15, 13 y 10 años, a quienes se encarga de criar “sola” desde hace 7 años.

El último trabajo formal de Xinia fue hace 10 años, pero durante esa década la “pulseó” vendiendo pan, postres y comidas para fiestas. Sin embargo, el alto costo de la electricidad frenó su espíritu emprendedor.

A Xinia no le quedó otra que las rifas para mantener a  flote su hogar, “pero la gente se cansa de las rifas y vi que el asunto estaba feo”, recordó.

Entonces, recurrió a la bolsa de empleo de la Municipalidad y le tocó esperar un año para que se diera la oportunidad en ABA. Esos 12 meses fueron muy duros para su familia, admitió.

Para que Xinia llegara donde está hoy, tuvo que someterse a un proceso de empoderamiento promovido por las reuniones de fortalecimiento de la Oficina de Igualdad y Equidad de Género de la Municipalidad, lo que le permitió sacudirse sus temores.

“Aprendí que hay muchas en mi situación y que no estoy sola y que me tenía que empoderar y que entre las mujeres tenemos una sororidad muy grande, aprendimos a apoyarnos”, detalló.

Gracias a este proceso, Xinia pudo reconocer que fue víctima de violencia psicológica y emocional, la cual “es la que golpea más fuerte y estoy tratando de sanar y lo voy a conseguir, porque me siento empoderada y sé que puedo”, aseveró.

“Me enseñó que sí puedo, que por el hecho de ser mujer soy valiente, esforzada y que lo que me ponga como meta lo puedo realizar”, confesó.

Una de las metas de Xinia es que sus nietos, Sebastián, Juan David y Alejandro, a quienes considera su motivación, continúen adelante con los estudios. “Por ellos, me levanto todos los días de madrugada a trabajar y a ponerle bonito todo el día”, manifestó.

Para esta chequeadora, uno de los tragos más amargos que sufrió fue cuando las empresas le cerraron las puertas. “A mi edad, no soy laboralmente capaz para algunos; la experiencia y el valor que uno tiene ya no sirven. Uno es un ser humano con necesidades o es que a estas edades ¿ya no se come?, ¿ya no se viste?”, cuestionó.

Ahora, Xinia recurre a la amabilidad y al servicio como su sello laboral y, a la vez, se siente muy agradecida por la oportunidad que le dieron en la empresa de buses.

El mensaje final de esta belemita es que las mujeres deben reconocer que tienen un valor increíble, “lo que nos propongamos lo podemos hacer, porque somos valientes, tenemos ese sentimiento que nos distingue de todas las personas, que es ese sentimiento maternal”.

“Creo que en este mundo la mujer es un ser especial, no porque el hombre valga menos, valemos igual, pero la mujer tiene mucho más esfuerzo, mucha más capacidad y mucho más amor para moverse en este mundo y para dar a los demás”, concluyó.

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