La crucifixión en el árbol de limón


Un árbol de limón fue el protagonista de una singular representación de la crucifixión en una Semana Santa.
Un árbol de limón fue el protagonista de una singular representación de la crucifixión en una Semana Santa.
  • Una divertida historia sobre la representación de la Semana Santa,  desde la perspectiva de unos inquietos niños belemitas. 

Por Ana Teresa Sánchez Zumbado (Q.e.p.d)

La Semana Santa es la época en que se recuerda la pasión y muerte de Jesucristo. Los fieles católicos celebran con misas, procesiones, oraciones y reflexiones esta importante fecha.

Los niños son muy observadores y el Vía Crucis es impresionante y dramático. La Crucifixión causa un sentimiento de angustia, que les queda grabado en sus recuerdos de infancia.

En una Semana Santa, los hijos de una familia de valores morales y religiosos muy arraigados decidieron representar el Viernes Santo en el patio de su casa.

Eligieron a los personajes, prepararon el calvario en el árbol de limón, escogieron los cánticos, confeccionaron la cruz con unos trozos de madera y buscaron unos mecates.

Iniciaron la dramatización: Hugo tocaba el tarro de plástico que funcionaba como redoblante; Mary, Flor y Ana se cubrían la cabeza con cualquier trapo en la sustitución del velo y entonaban algunas canciones; Marco Antonio y Eduardo cargaban la cruz; en la misma amarron con mecates a Francisco, quien representaba a Jesucristo.

Mientras caminaban hacia el calvario, la mamá se asomó a la puerta que daba al patio y los llamó a almorzar. No acudían. Un llamado, dos llamados y al tercero amenazó con llamar al papá.

¡Papá! Palabra mágica, suspendieron la procesión y corrieron hacia la cocina. Los niños que cargaban la cruz la soltaron sin medir las consecuencias y ¡Pum! El crucificado al suelo. El grito de dolor no se hizo esperar, Francisco se había ido de frente y quedó boca abajo, con la cruz a cuestas.

Los niños se devolvieron a ayudarlo; al levantarlo notaron que su nariz sangraba y tenía raspones en la cara, no era para menos, no pudo ni siquiera meter las manos porque continuaba amarrado. Aunque no hubo mala intención al dejarlo caer, recibieron la gran regañada.

El susto pasó y la emergencia fue atendida sin mayores consecuencias. Todos se reunieron en familia para degustar un almuerzo. Prevalecía un total silencio en la meza. Nadie se atrevía a mirarse . Era imponente la presencia y el enfado del papá por todo lo ocurrido minutos antes.

Horas después, entre cuchicheos y risas los niños comentaban sobre la fustrada «crucifixión en el árbol de limón».

Tomada del libro Belén Antes : Un pueblo con chispa joven.

*La autora era vecina de San Antonio. Escritora belemita de los libros Es mejor reír (2004) y Belén Antes un pueblo con chispa joven (2007). Diplomada en Comercio Exterior y Bachiller en Comercio Internacional.

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