El aliento de lo salvaje


Yinksu, el héroe de Ucuni (imagen con fines ilustrativos)

Luis Carlos Salazar Álvarez*

Había una vez, en el reino de Ucuni, una civilización llamada los Oldok. Ellos habían creado grandes avances para su reino y construyeron un castillo que fue el más grande en aquel tiempo y lugar.

Fueron avanzando y desarrollaron una tecnología llamada Oldikar, crearon guardianes para defender su tierra y fabricaron unos aparatos gigantescos llamados Bestias Colosales que vivían en distintas tierras de Ucuni y representaban los elementos: fuego, aire, agua y electricidad.

El reino escogió a un rey y una reina y, al tiempo, tuvieron una hija llamada Merfina, quien era una princesa muy independiente y valiente. Pero, como su padre era sobreprotector y no la dejaba salir, le asignó al caballero más valiente del reino, Yinksu.

Merfina, princesa de Ucuni (imagen con fines ilustrativos)

La historia de Yinksu era muy lamentable, porque su padre, quien también fue caballero, falleció en una batalla y Yinksu quedó solo. Un día, mientras Yinksu caminaba por el bosque, encontró un pedestal donde había una espada y un letrero en la parte superior que decía:

“¡He aquí la Espada Maestra, la que doblega a la oscuridad y derrota todo mal!”

Yinksu decidió tenerla y, con toda sus fuerzas, la sacó poco a poco y se convirtió en su portador.

Pasaron los años y el rey lo llamó para que cuidara a su hija. Yinksu nunca se despegaba de la princesa y eso a ella la irritaba. Un día, ella se molestó tanto que le dijo:

Espero que un día Ganon venga y te desaparezca.

¿Quién es Ganon?, preguntó Yinksu.

Ganon fue un ser maligno, lo llamaban la Bestia Exiliada y su apariencia era como una nube oscura y rosa. Un día, se juntó con la oscuridad y ambos crearon un poder tan grande que fue la primera guerra de Ucuni en la que murió tu padre, explicó la princesa.

Yinksu se entristeció.

Mientras ellos hablaban, se escuchó un estruendo en el castillo y, desde los cimientos, renació Ganon, envolvió al rey y la reina en una nube de humo gigante, para que se asfixiaran y dijo con tono de burla:

Mi rey y reina, ¿cómo están? Pasaron como 100 años desde que me derrotaron, pero he vuelto para vengarme y matar a la princesa y a su caballero.

Con su último aliento, el rey exclamó:

—¡Liberen a los guardianes, activen las Bestias Colosales, derroten a este malvado de Ganon y protejan a la princesa!

El rey, la reina y toda la corte real fallecieron. La princesa y Yinksu estaban cerca del castillo. Al oír el estruendo, Yinksu sacó su espada, la cual brilló como nunca, ya que estaba cargada al máximo.

Ganon (imagen con fines ilustrativos)

Yinksu le dijo a la princesa:

¿Tú tienes poderes verdad? ¡Úsalos!

Ella respondió:

¡No, no tengo! He tratado de activarlos durante años y no he podido, soy un fracaso total para la familia real. Aun así, trataré de ayudarte.

Ambos partieron hacia el castillo dispuestos a batallar y sobre todo a ganar.

Al llegar, Yinksu se percató de que no pudieron activar las bestias colosales y los guardianes, por ello, él lo hizo.

De pronto, las Bestias Colosales lanzaron un rayo potente de energía que llegó hasta Ganon y lo debilitó demasiado; aunque el ataque fue potente, Yinksu debía esperar 24 horas para activarlo otra vez. Afortunadamente, los guardianes tenían un poder ilimitado y eran más de 200 dispuestos a combatir.

Yinksu exclamó, de forma valiente:

¡Ya ríndete Ganon! ¡Estas rodeado! ¡Deja en paz al reino de Ucuni o si no batallaremos hasta derrotarte!

Ganon respondió:

Miren a quien tenemos aquí: la mismísima Espada Maestra, su inútil portador y la princesa de Ucuni ¡Qué pena! Quería divertirme más con ustedes pero es mejor acabar de una vez con estos insectos.

De pronto, Ganon asumió su forma física: una Bestia de las Tinieblas con cuernos, cuatro patas y ojos rojizos.

Al instante, Yinksu dio la orden para que todos los guardianes atacaran; él cargó aún más el poder de la espada, y la princesa quedó paralizada. Yinksu le dio su mano y la animó a no tener miedo. Ella se concentró y activó su poder sagrado.

Yinksu asestó la pierna de Ganon, dejándole un agujero tan grande como una montaña. Después, dió un gran salto, llegó hasta sus cuernos y, con una ráfaga de energía, le voló ambos.

Ganon no se quedó atrás. Abrió su gran boca y exclamó:

—¡Adiós, héroe de Ucuni!

Emitió un rayo de energía malvada que lanzó a Yinksu hasta el suelo y lo dejó gravemente herido.

Ganon cargó otro rayo de energía para finalmente matarlo; al lanzarlo, una luz dorada cubrió a Yinksu, de ella salió un rayo que chocó con el de Ganon y, luego, impactó su cara. Esta luz provenía de la princesa, quien descubrió su poder y dijo:

—¡Bestia de las Tinieblas regresarás a tu mundo con un castigo eterno; Guardianes disparen y Bestias Colosales abran fuego!

Gracias a ese ataque, Merfina descubrió que el punto débil de Ganon era un cúmulo de energía malvada en su pecho; entonces, le dijo a Yinksu:

—¡Ahí está su punto débil! ¡Tengo que llegar a él!   

Ella lanzó su rayo más potente hacia el cúmulo de energía malvada y Ganon explotó y volvió al castillo, su prisión durante 100 años.

Merfina cubrió al castillo con una aura dorada, que evitaría que Ganon escapara durante próximos 100 años.

*Estudiante del Centro Educativo Fidel Chaves Murillo

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