Candil en la propaganda y oscuridad en la protección del agua


Vista aérea del humedal de La Ribera.

En el último mes, vivimos en Belén un perfecto ejemplo de aquella frase utilizada por nuestros padres ser “candil en la calle y oscuridad en la casa”. Esta se decía en relación con aquellos miembros de la familia que eran un puro jolgorio y felicidad con la gente de afuera, pero al interior de sus hogares todo era amargura y frialdad con la familia.

La frase ilustra a la perfección la puesta en escena de una nueva publicidad lanzada por la administración municipal denominada “Guardianes del agua”, que busca generar consciencia sobre el cuidado del recurso vital, mediante los mensajes de personajes conocidos y de la denominada “farándula” nacional.

Sin duda, el mensaje de la campaña es muy loable, máxime en estos tiempos de extrema sequía, en donde el agua ya empieza a escasear en otros cantones de nuestra provincia.

Hasta aquí, todo bien con la campaña, el problema emerge cuando vemos que una vez más, la administración municipal vuelve a verse en medio de una controversia ambiental; ya sea por omisión o negligencia, al mismo tiempo que se lanzaba la campaña, se daba luz verde para iniciar una construcción en las inmediaciones del Humedal de La Ribera, un lugar en donde según el último estudio de la Universidad Nacional, nacen cerca de 2 litros de agua por segundo.

La hipocresía no podría ser mayor, resulta chocante que al mismo tiempo que el Alcalde aparece en pancartas de buses y mupis, como si ya la campaña electoral hubiera iniciado, mandando a que las y los belemitas ahorremos agua, su administración otorgue permisos a diestra y siniestra para que se continúen impermeabilizando los suelos del cantón. Es decir, el ciudadano común debe ahorrar agua, al mismo tiempo que el desarrollador poderoso la desperdicia o peor aún, la contamina como en el caso del Humedal, si no se hubiera denunciado la situación.  

Salta a la vista que Belén cada día cuenta con menos espacios verdes, los poquitos lotes que van quedando se venden a grandes desarrolladores, cuya pretensión casi siempre va dirigida a la construcción de lujosos condominios, inaccesibles para la inmensa mayoría de las hijas y los hijos de este pueblo, si no es que son destinados a la instalación de mega corporaciones que no dejan ni un solo colón en las arcas del cantón.

Hoy, es aceptado por propios y extraños que fue un error fatal cometido por nuestros gobernantes el no planificar las construcciones en la Gran Área Metropolitana. El cemento y la varilla se expanden sin contención alguna, la anarquía pareciera reinar en el otorgamiento de los permisos de construcción, como si los expertos no advirtieran de las graves consecuencias que las futuras generaciones afrontarán, cuando el recurso vital empiece a escasear más. ¿Cuesta tanto pensar a largo plazo?

No obstante este lúgubre panorama, no todo está perdido. Hay esperanza cada vez que vemos ciudadanos conscientes que se organizan y salen en defensa del agua. Ese es justamente el caso de los vecinos de la urbanización de La Ribera, quienes por décadas han protegido el Humedal y, así como 20 años atrás, protegieron la riqueza ambiental del lugar, hoy en el 2019 lo volvieron hacer mediante sus denuncias contundentes, vaya nuestro reconocimiento a ellos, sin duda alguna son los verdaderos Guardianes del Agua.

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