“Apuntes Históricos de mi Pueblo”: Capítulo V. El pueblo y la iglesia


Retrato de Monseñor Anselmo Llorente y la Fuente. Primer Obispo de Costa Rica a quien se atribuye la idea de llamar a nuestro pueblo con el nombre de Belén. (Grabado de 1871. -Image ID: P7GW0T)

Por Filadelfo González Murillo*  

Hasta 1857, como dije antes, para todo sermón religioso y de cualquier otra índole, se recurría a Heredia: de esta forma, allí iban a enterrar a sus muertos; sin embargo, con motivo de la aparición del cólera, las autoridades de la Provincia prohibieron ir a enterrar allí los difuntos de los pueblos vecinos; entonces, los vecinos de este pueblo eligieron para enterrar a sus muertos el lugar que hoy ocupa el Cementerio actual, en donde desde la fecha citada se entierran nuestros difuntos.

Por esta fecha, también, nuestros abuelos pensaron en edificar una ermita a nuestro Santo Patrono y principiaron a edificarla, habiendo quedado concluida en el año de 1862.

El nombre de San Antonio de Belén fue dado al pueblo el 25 de diciembre, en el año de 1860, y explicaré el motivo por el cual fue agregado el de ‘’Belén’’ que desde aquella fecha lleva.

En 1858, el gobierno de Juanito Mora, instigado por sus amigos, que a la sombra maquinaban su caída, pues le tenían envidia, por ser tan querido del pueblo, con malos pretextos, le indujeron a dictar el destierro del Sr. Llorente¹. Aunque pasó por aquí al caer la tarde del 24 de diciembre de ese año, se abstuvo de solicitar posada en dicho Hotel² (no porque se le hubiera negado como maliciosamente dicen algunos), sino que fue a hospedarse en casa de don Manuel González en Ojo de Agua, quien era antiguo conocido suyo y en donde tenían portal o Nacimiento; allí, pasó la noche con los vecinos de este pueblo, entre ellos don Liberato González³ y sus hijas y otras más. Fueron a conseguir, a la Parroquia de Heredia, todo lo necesario para que Monseñor Llorente celebrara esa noche el Santo Sacramento de la misa, como en efecto lo hizo, con asistencia de casi todos los vecinos de este pueblo.

El año siguiente cayó por fin el gobierno de Mora y fue indultado el Sr. Llorente, y sucedió que el 24 de diciembre siguiente volvía a pernoctar y a celebrar la Nochebuena en este pueblo que, entonces, se consideraba como uno solo; en la misma casa, con ese motivo en la plática de la misa, esa noche dijo que el pueblo debió llamarse “San Antonio de Belén” por la feliz coincidencia de haber celebrado las dos Pascuas de Navidad, cuando bajaba desterrado y cuando volvía del destierro, en el mismo pueblo.

El 22 de junio de 1862, fue bendecida la ermita y el lugar que se había elegido para Cementerio (que es el mismo donde hoy se encuentra), por el muy ilustre Sr. Presbítero Román González, quien lo hizo por encargo de la Autoridad Eclesiástica.

El 30 de junio de 1862, previo al arreglo y adorno de la ermita y con asistencia de todos los vecinos que, rebosando de entusiasmo, asistieron, fue cantada la primera misa. El 2 de julio del mismo año, fue erigida en filial esta ermita por el ilustrísimo Llorente y La Fuente; en esa misma fecha fue nombrado el primer cura, que lo fue el Presbítero don Manuel Ugalde y, sucesivamente, fueron curas de esta filial, el Presbítero Rafael Soto y Esteban Chavarría, bajo cuya administración, en 1866, fue construida la que fue Casa Cural y Salón de Escuela Pública, hasta el año de 1909 en que fue construida otra nueva casa, y la antigua, con permiso de la Autoridad Eclesiástica, fue vendida a la Junta de Educación.

El primer maestro de la Escuela Pública lo fue don Fermín Molina (esto de 1866 a 1870 sirviera la Parroquia los señores Mora y Pedro Badilla) y el primer agente de Policía, don Juan Granados.

En enero de 1870, llegó aquí nombrado Cura de este pueblo por primera vez, el presbítero Joaquín García Carrillo (cito la fecha con especialidades, porque el Sr. García Carrillo fue uno de los curas que más se preocupaba por el adelanto del incipiente pueblo de San Antonio), hombre de gran iniciativa y un talento natural poco común, aunque de no muy vasta ilustración (de él y del Padre Flores decía el ilustre Sr. Rivas, que si hubieran profundizado en sus estudios, le hubieran dado fuego al mundo). No duró aquí mucho tiempo; sus superiores lo trasladaron a otras casas curales y, por último, en 1877, se encontraba de cura en Guadalupe. En esa fecha, era cura de este pueblo el presbítero Berifort Rivas, quien se puso en enemistad con un pequeño grupo de vecinos, lo cual promovió un escándalo (en unos ‘’Apuntes’’ aparte, relato lo sucedido) y él optó por dejar la parroquia y trasladarse a San José, dejando la Parroquia acéfala.

La Curia se encontraba en dificultades para nombrar Cura, pues los informes del anterior a la Parroquia eran pésimos. Encontrándose en tales circunstancias y habiendo tenido motivo de esto, el Sr. García se ofreció él a venir a servir a la parroquia y así fue como volvió a regentar en su calidad de cura el 13 de julio de 1877.

 

*El autor fue vecino de toda la vida de San Antonio de Belén y Jefe Político (antigua denominación de la figura de Alcalde) del cantón. Los relatos narrados provienen de un cuaderno de apuntes redactado en 1924, que el autor regaló a su hijo “Ricardito” González y que varias décadas después fueron transcritos para su publicación por Benedicto Zumbado Z. La mayoría de historias provienen de los abuelos del autor, Niberato González y Concepción Moya, quienes, a su vez, eran nietos de los fundadores del pueblo.

¹Se refiere al Obispo Anselmo Llorente y la Fuente.

²Según datos de don Francisco Sánchez Cerdas, este hotel puede corresponder a la Posada de doña Lencha Moya, que estuvo ubicado en La Asunción de Belén.

³Abuelo del autor

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