Una anécdota de las antiguas Semanas Santas belemitas


Esta es la portada del libro Belén Antes un pueblo con chispa joven que recopila anécdotas de nuestro querido cantón.
  • Relato tomado del libro Belén Antes: Un pueblo con chispa joven.

Por. Ana Teresa Sánchez Zumbado (Q.e.p.d) 

Las procesiones de Jueves y Viernes Santo se vivían con mucho fervor. La asistencia era muy buena porque llegaban todos los feligreses del cantón, ya que solo existía la iglesia del distrito de San Antonio.

El Jueves Santo a las 6:00 p.m. se celebraba la Misa de los Oficios, el Viernes Santo la Procesión del Santo Entierro a las 3:00 p.m. y el Sábado santo la Procesión del Silencio a las 3:00 p.m. y la misa a las 7:00 p.m. para hacer la bendición del agua, fuego, cantar el gloria y el domingo a las 5:00 a.m. la Resurrección del Señor.

Durante la Semana Mayor, no se veían carros, no sonaban las campanas ni se abrían las pulperías. Se aplicaba estrictamente ley seca. En las casas se cocinaba con anticipación. Entre los bocadillos tradicionales estaban el tamal tonto y las empanadas de chiverri.

En épocas del Padre Chanito, las procesiones eran muy organizadas. Primero, se ubicaba la cruz alta que la llevaban los monaguillos; luego seguía el padre, las representaciones bíblicas en andas, los niños y las niñas, los hombres y las mujeres.

Para mantener el orden, el sacerdote se ayudaba con un pito de árbitro. Era exigente y todos debían caminar en fila y ¡Dios guarde! romper la fila, porque recibía su regañada.

Los señores vestían de traje entero y corbata. Las mujeres y las niñas sus mejores vestidos. Las mujeres bíblicas usaban color oscuro con un manto azul para el viernes y un vestido rojo  para el domingo. A las niñas, las vestían de ángeles, las peinaban de colochitos y las llevan en andas.

Las calles se adornaban con uruca, caña dulce y veranera. La matraca se sonaba para convocar a las misas y procesiones.

El Señor del Huerto recibía donativos: gallinas, cebollas, frutas, entre otros. A veces, las ventas bajaban un poco , porque cuando terminaba la procesión, los niños se comían las cañas dulces, que decoraban las calles.

Al igual que en otras actividades, en estas celebraciones se dieron algunas curiosidades:

Una niña no pudo participar como angelito entonces anduvo toda la procesión con las manos en alto para que creyeran que eran alas.

Una vez hubo un conflicto entre los organizadores, porque ubicaron el huerto detrás del Calvario y no dejaron salida para bajar el Cristo.

Una diferencia de carácter, entre el sacristán y la encargada de las Palabras, llegó a tal punto, que el sacristán escondió los banderines de las Palabras y la preocupación era que la procesión estaba por iniciar.

 

*La autora era vecina de San Antonio. Escritora belemita de los libros Es mejor reír (2004) y Belén Antes un pueblo con chispa joven (2007). Diplomada en Comercio Exterior y Bachiller en Comercio Internacional.

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