Casa chica, fallas grandes


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El uso de un fondo de caja chica es común en empresas privadas y públicas. Hasta en pequeñas empresas se emplea.

La función de dicho fondo debería solventar gastos urgentes y necesarios, que no seguirán el proceso normal, sino que se agilizarán mediante este método de pago.

Cómo cualquier manejo de recursos económicos, se debe contar con una normativa que regule su uso, con mecanismos de control y de supervisión que garanticen una adecuada gestión.

Sin embargo, según demuestra el Informe de Auditoría sobre el manejo del Fondo de Caja Chica, en la Municipalidad de Belén, la Administración Municipal incurre en severas falencias en el uso de este fondo.

La normativa está desactualizada, no define qué es el fondo de caja chica, hay ausencia de controles fuertes, hay compras recurrentes con este fondo a los mismos proveedores y no se garantiza que las compran que se hagan sean las más convenientes para la Municipalidad.

Si en el manejo de caja chica hay tantas deficiencias ¿cómo estarán el resto de controles a nivel presupuestario en la Municipalidad? ¿Realmente, se invierten los recursos de la mejor manera?

Pero como si esto no fuera lo suficientemente grave, este informe revela que de las 12 recomendaciones que se hicieron desde 2008  para corregir estos errores, hay 10 que siguen sin aplicarse.

Parece que la Administración Municipal es «toda poderosa» y no aplica lo que profesionales en la materia le sugieren implementar, para solucionar las deficiencias y procurar un mejor manejo de los recursos económicos.

Y ahora en 2019, el informe de auditoría sobre el tema de caja chica, vuelve a evidenciar múltiples fallas y recomienda a la Administración implementar 31 recomendaciones.

Si por la víspera se saca el día, si en el pasado no lograron poner en marcha 12 recomendaciones ¿Cuántas van a implementar de las 31 que recomiendan en el último informe?

Que no se le olvide a la Administración Municipal, que ellos manejan recursos económicos que deberían beneficiar a todas y todos los belemitas, y que lo mínimo que se espera es que los recursos se utilicen de forma clara y transparente, cumpliendo a cabalidad rigurosos controles.

Ante este escenario, hoy más que nunca, los y las belemitas tenemos la tarea de mantenernos vigilantes, de tomar un rol más activo, en la supervisión de lo que hacen con los recursos de nuestro cantón.

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