La primera regidora de Belén: “¿Quién ha visto una mujer en eso?”


Doña Margarita Mora Cervantes en su casa

Luis Zárate Alvarado

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“¿Quién ha visto una mujer en eso?”, esta es una de las frases que hoy vive en la memoria de Margarita Mora, quizás se la dijeron en aquella campaña electoral de 1978, cuando fue electa regidora de la Municipalidad de Belén; la primera mujer en ostentar ese cargo.

Esa pregunta, despectiva y reveladora, nos da una idea de lo que ella enfrentó en una época en donde la participación política de la mujer no era lo habitual en una comunidad como Belén: conservadora y puritana.

Sin embargo, Margarita Mora no solo resalta como la primera mujer en llegar al Concejo Municipal. Su vida estuvo marcada por su excelente desempeño en varias áreas; primero, ejerciendo como maestra de religión; luego, como empresaria, vendiendo comidas y dueña de un almacén, sin dejar de lado su rol como madre y jefa de hogar.

De espíritu 100% comunal, sobresale su arduo trabajo en turnos, reinados de belleza, como integrante de asociaciones de desarrollo, miembro fundadora de la Unidad Sanitaria de San Antonio y de la Cruz Roja, entre muchos otros aportes que forjaron el Belén de nuestros días.

Margarita Mora tiene 92 años, nació en 1927 en Desmonte de San Mateo de Orotina. Ahora, sus días transcurren en la tranquilidad de su hogar, cerca del Cementerio Municipal.

Fue gracias al testimonio de Luis y Margarita González Mora, sus hijos, que ahora el relato de la vida de esta figura histórica para nuestro cantón seguirá vivo a través de las páginas de este periódico, con el objetivo de que las nuevas generaciones conozcan su aporte.

Orígenes

Para comprender las razones por las cuales esta mujer marcó diferencia en las décadas de 1940 hasta 1980, primero hay que entender el origen de su familia.

Los padres de Margarita son Narcisa Cervantes Mena y Gustavo Mora González, trabajaban con las compañías mineras ubicadas en el Monte del Aguacate a inicios del siglo pasado.

En aquel entonces, en esos lugares era común convivir con europeos, estadounidenses y asiáticos, lo que facilitaba el intercambio cultural. Esto llevó a que dicha población no siguiera las normas tradicionales de la Costa Rica de aquel momento, lo que propiciaba que las mujeres fueran más liberales.

Incluso, Luis González aseguró que su abuela Narcisa tenía una visión del mundo muy interesante y que incluso, en 1930, ella entendía la importancia del estudio para las mujeres.

Así era el hogar materno en donde Margarita Mora nació y pasó sus primeros años. Era un ambiente de raíces liberales, independiente y de librepensamiento.

Cuando Margarita tenía poco más de 2 años, a su padre, Gustavo Mora González, le dieron trabajo en la planta hidroeléctrica Electriona, ubicada cerca de Belén, porque esas instalaciones eléctricas fueron construidas por las compañías mineras.

A nuestra comunidad llegó esta familia con el supuesto que era algo temporal; incluso, según el relato, chocaron con una comunidad muy conservadora, lo que les dificultó encajar.

Estudios

Otro asunto que marcó diferencia es que a doña Margarita se le permitió estudiar, lo que provocó que a su madre la criticaran, “hasta el sacerdote visitó a mi abuela para pedirle que no mandara a su hija a estudiar”, recordó Luis.

Estudió en San José, fue maestra de religión, empezó a ejercer muy joven, a los 18 años. Desarrolló sus labores en las escuelas de La Asunción, San Antonio, La Ribera y en San Rafael de Ojo de Agua, se pensionó en 1975; entonces, tenía 48 años de edad.

“Éramos las primeras maestras de religión, no existía la religión en las escuelas, entonces nos nombraron, fui una de las primeras. Yo estudié de todo para sentirme una maestra que sabía de todo, no era solo religión, o que era solo rezar; era lo que menos hacía”, contó doña Margarita.

Según recordaron, en las lecciones de doña Margarita se enseñaba asuntos como la igualdad entre mujeres y hombres, que en aquel época era un asunto “extraño”.

Política y trabajo comunal

Margarita fue conociendo los problemas de Belén gracias a esa posición como maestra, lo que le permitió acercarse a las familias, a sus situaciones, e implicó asumir cierto liderazgo en la comunidad.

El fallecimiento de su esposo, Luis Humberto González, después de tan solo 5 años de matrimonio, de alguna manera propició que Margarita dedicara más trabajo a la comunidad.

Su carácter comunalista la llevó a integrar la primera Asociación de Desarrollo Comunal de Belén, creada en la década de 1970, además de un sinfín de participación en eventos en beneficio del cantón que recaudó dinero para obras sociales, sobre todo de la Iglesia Católica.

Su posición política tiene orígenes en la Guerra Civil de 1948. Fue liberacionista, ferviente figuerista, desde los orígenes del Partido Liberación Nacional (PLN). Entonces se perfiló como una líder local.

En el gobierno del expresidente Rodrigo Carazo, entre 1978 y 1982,  dos mujeres quedan electas para conformar el Concejo Municipal, doña Margarita es una de ellas, junto con Marta Zamora.

“Uno joven le pone a todo, entonces me nombraron munícipe, pero eso después de que había demostrado todo lo que había hecho. Era metida en todo, entonces era joven, todo lo podía hacer porque Dios me dio la capacidad. Trabajé por la comunidad desde los 18 años”, contó esta destacada belemita.

Ese Concejo fue conformado por Mora y Zamora, del PLN, además de Manuel González Sánchez y Ángel Zamora por la Unidad Social Cristiana, junto con Danilo Pérez, primer regidor de izquierda del cantón.

“La crítica más grave que había era, ¿Cómo? ¿Una mujer regidora? ¿Quién ha visto?”, según reconoció la misma Margarita Mora.

Según consideran quienes vivieron en esa época, ese Concejo trabajó muy bien e implicó un cambio por la incursión de mujeres y jóvenes; además, fue considerado de progresista.

Después de su paso por el ayuntamiento, doña Margarita se mantiene como una líder política, a pesar de que nunca tuvo mayores aspiraciones. Esto se le achaca a una honradez política muy profunda y extraña incluso hoy.

Para su hijo, Luis, su mamá se caracterizó por ser líder local y promotora del desarrollo; una mujer que trabajó por la comunidad, sin pretensiones personales, solo por el amor al cantón.

 

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