Alejandrina Zumbado Pérez: rezadora, sacristán, cocinera y Hermana Vicentina


Alejandrina Zumbado, vecina de La Asunción, es conocida por ayudar a la comunidad de muchas maneras

Suena el teléfono en casa de Alejandrina:

-¿Alejandrina?, apúnteme una misa que estoy de cumpleaños.

-¿Aló?, acordate que hoy tenemos rezo de novenario.

-¿Buenas?, que necesito un picadillo y un pozol para las fiestas de San Antonio.

– Alejandrina, no te olvidés de que hoy hay reunión de las Hermanas Vicentinas.

Ella contesta estas llamadas con una sonrisa en sus labios. Cada uno de esos pedidos tendrá una respuesta amable y cordial. Sin duda, el timbre del teléfono de su casa en La Asunción es un recordatorio de todo el trabajo que hace doña Alejandrina Zumbado Perez, belemita de pura cepa.

Alejandrina, también conocida como Andrina, no tiene un oficio sino muchos. Ella es la rezadora oficial de La Asunción, es la ayudante del sacristán, cocinera del pueblo y como si no bastara, es parte de la Asociación Hermanas Vicentinas de Belén, organización que brinda asistencia social a decenas de belemitas.

Alejandrina asume todas y cada una de esas tareas con mucha responsabilidad, amor y orgullo, para ella ayudar a la comunidad y al prójimo le nace del alma. “Es algo que uno trae en el corazón, yo como estar sentada en la casa sin hacer nada no puedo, soy como muy activa, me meto en una cosa y la otra, ahí vamos saliendo”, comentó.

Destaca su contribución desde la Asociación Hermanas Vicentinas, un grupo fundado en 1945. Ahí una veintena de señoras se encargan de dar ayudas sociales a vecinos que estén pasando por situaciones difíciles.

Desde hace 30 años, es parte de esa organización, “hay gente que dice que en La Asunción no hay pobres, bueno acá no se ven tugurios, pero aquí no deja de haber problemas como madres solas hasta con 4 hijos, entonces hay que ayudarles. También hay problemas de adultos mayores que están enfermos, no trabajan y los hijos se casan, entonces le atendemos”, relató.

Devoción desde la cuna

Nació el 27 de enero de 1949, hija de Baudi Zumbado y de Cristina Pérez, es la mayor de 7 hermanos. Se crió en aquel Belén en el cual los padres le inculcaban a sus hijos una gran devoción por las costumbres católicas. En aquel entonces, no podía faltar los rezos y la lectura del catecismo, y era tradicional ir a pie hasta San Antonio para ir a Misa y cada tercer domingo se velaba el Santísimo.

Sus estudios escolares los realizó en La Asunción, fue al colegio nocturno hasta tercer año y luego se dedicó a trabajar.

Se casó muy joven con Carlos González, quien es el sacristán del pueblo, de estas labores su esposa es la ayudante; ella se encarga de apuntar las misas y de alistar los vestidos al padre. Este matrimonio tiene una hija, Maria Alejandra.

Rezadora de fina cuchara

No hay lluvia, sol o viento que detenga a Alejandrina cuando de un rezo se trata, a ella la llaman para los novenarios así como para los rezos del Niño de enero, responsabilidad que, aseguró, asume con mucho amor.

Alejandrina destaca por su fina cuchara, sobra decir que es una de las señoras que año a año contribuye con la preparación de las ricas comidas que se venden en las fiestas patronales de nuestro pueblo.

“La gente me llama para que les haga picadillo, pozol, entonces yo los hago también. Estoy metida en los turnos, hacemos tamales que no son pagados, sino que todo lo hacemos nosotras. Participamos en las fiestas de San Antonio cuando el padre Horacio Arias nos pide que ayude”, relató.

¿Cuál es el secreto de la cocina aquí en La Asunción?, le preguntamos. “Yo creo que es que se hace con mucho amor; ademas, se hereda de las abuelas la receta. Me acuerdo de mamá diciendo cómo se hacía la comida. Todas esas cosas se aprendieron de las abuelas y las mamás, ojalá que todo esto se conserve en el futuro”, respondió.

Las Vicentinas, benefactoras de La Asunción

En 1945, bajo la sombra del recordado Padre Feliciano “Chanito” Álvarez y de Lucía Rodríguez, se fundó la Asociación de Hermanas Vicentinas de La Asunción, una organización única en su estilo en Belén, cuya misión ha sido velar por las familias más necesitadas de la comunidad.

Desde hace 30 años, Alejandrina forma parte de esa Asociación. Por sencillo que se lea el trabajo que realizan Las Vicentinas, está lejos de serlo, así lo relató nuestro personaje del mes.

Reveló que entre las tareas que asumen todos los meses, se incluye recoger, casa por casa, víveres para posteriormente armar diarios, que son entregados a alguna familia.

“Viera que bien nos va, una casa facilita manteca, otra un atún… y de eso se hace un diario. Esto lo hacemos todos los meses, nos distribuimos por lugares. Ya la gente nos conoce y nos alista el vívere”, confesó con una sonrisa a flor de labios.

Otra de las labores que asumen es cuidar y visitar enfermos, a quienes, en caso de requerir, se le compran medicinas o pañales. “Somos la única organización social en La Asunción, la gente confía en el trabajo de nosotros y nos ayudan mucho”, indicó.

Entre lo más notable que hace Alejandrina, junto con Las Vicentinas, destaca que cada dos años se tiran a las calles para hacer un censo que les ayuda a identificar situaciones sociales por atender.

Este grupo se reúne dos veces al mes, en los encuentros se conocen de posibles casos, pero antes de aprobarle una colaboración se debe realizar una entrevista; “a ver si de verdad hay pobreza, no damos plata asi porque asi, hacemos un estudio”, afirmó.

La preocupación de esta doña Alejandrina es que en la Asociación todas son adultas mayores y no hay jóvenes. Para ellas el reto es que las nuevas generaciones se acerquen, “uno deseara que más jóvenes se integren”, confesó.

Doña Alejandrina, ¿por cuánto tiempo más vas a ser parte de Las Vicentinas?. “Hasta que Dios me de vida, me gusta, me llena mucho. Cuando hay un problema en una familia, me llegan a decir que les ayude, entonces lo comento en la reunión, hay que estudiar mucho, hay que visitarlos y eso lo hago con mucho gusto”, concluyó.

 

Redacción El Guacho

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