Mi lugar


Por: Sofía Zumbado Torres

 

Estamos bien,

escapar a mitad de las conversaciones lo está.

Encerrarnos en espacios demasiado grandes,

dejar que el silencio, constantemente, se ocupe de la comunicación.

Elegir asientos de por medio en los buses,

y caminar siempre detrás del otro, como sombras distanciadas,

como esclavos cansados de sus castigos.

En mi mente agitada, helada y desnuda lo está,

porque siempre creo que podemos crecer en medio 

del agua estancada.

Que Podemos sembrarnos en la tierra del cementerio.

Objetivamente no;

después de cada día quedarse a recoger los vasos que se han roto en la mesa,

los cubiertos en el piso.

Objetivamente no está bien pensar que así se siente el afecto.

Somos un altar para las cenizas;

Es tan fácil solo hacerlas humo, y luego,

disipar lo que nos duele en él.

¿Quién limpia las consecuencias cuando todo termina?

¿Y quién se guarda los sentimientos atascados en medio de la garganta?

Es mi mente: desesperada por no quedar sin esperanza,

y se niega a dejar mi lugar, aunque se esté cayendo a pedazos, encima de mí.

Pero no, uno sabe que este tipo de cosas nunca están bien.

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