“La madre de todas las virtudes…”


Imagen confines ilustrativos

Yendry Delgado Aguilar

Así conocen muchas personas a la paciencia, palabra que originalmente viene del latín “patientia” y describe la capacidad de tolerar, atravesar o soportar una determinada situación sin experimentar ansiedad ni perder la calma.

Se dice fácil, en tiempos donde todo es “para ayer” ¿Cómo hablar de paciencia a una persona que lleva más de 6 meses en búsqueda de empleo, más de un año esperando una cirugía o a alguien que va estudiando y trabajando al mismo tiempo y solo puede llevar un par de materias para avanzar en su carrera, a quién pone en marcha un negocio propio? En fin, coloque usted mismo su situación particular, esa por la que espera desde hace mucho tiempo.

Es probable que nos auto justifiquemos, que lleguemos a hartarnos de esa situación y a no soportar más esa realidad, incluso llegar a las consecuencias de brotes de violencia y, finalmente a la apatía y el darnos por vencidos, pero, como dice el dicho “el que persevera alcanza”. Es justamente, durante estos espacios donde se define claramente que “la paciencia es la madre de todas las virtudes”, esos períodos intensos donde muchas veces perdemos la esperanza, “nos desinflamos”, no le encontramos mucho sentido a lo que nos está sucediendo, es justo ahí donde se nos está “puliendo”, la vida maravillosa nos pasa por el fuego de esa manera, y muchas veces cuando dejamos de luchar internamente, se dan las cosas, y no quiero que se confunda paciencia con pasividad, que es la falta de compromiso ante la vida y los obstáculos propios de la realidad humana.

La paciencia es esperar por alguien o algo sin nerviosismo durante el tiempo que sea necesario, es la capacidad de llevar adelante los diferentes planes o tareas sin permitir que el arrebato arruine el objetivo, es entender el tiempo que toman los procesos de aprendizaje y de cambio, en los cuales estamos inmersos cotidianamente.

Por eso, con los inconvenientes que nos va presentando la vida, una de nuestras mejores aliadas es la paciencia: respire profundo, recuerde cuando ha estado en

situaciones similares donde se ha puesto a prueba su paciencia, usted sabe que esto también pasará. Cuando ponemos las situaciones en perspectiva, miramos hacia atrás y observamos detallada y conscientemente por donde hemos andado, comprendemos de mejor manera que estamos pasando por una lección más de esta aventura que le llamamos vida. Ponga siempre su atención no en el sufrimiento que le genera una determinada situación, sino, pregúntese el para qué está experimentando eso, ¿qué de nuevo necesita aprender?, ¿es una situación repetitiva?

Obsérvela desde cierta distancia, intente ser objetivo y pregúntese ¿Qué es lo que no termino de aprender, para que se me siga pasando lo mismo?

En la naturaleza, todo va en su tiempo adecuado, la formación de un nuevo ser, dígase humano, animal o vegetal, todo lleva su proceso, sin prisa pero sin pausa. Como decía Teresa de Avila, una de mis místicas favoritas: “la paciencia todo lo alcanza”.

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