Un escocés en San Antonio


En esta foto, se aprecia a Charly White Crafts con la vestimenta tradicional escocesa.

E. Danilo Pérez Zumbado

Intrigado por la historia “Un prusiano en San Antonio”, de Manuel Argüello Mora, sobrino de Juanito Mora Porras, me pregunté si la estimable familia González White tendría que ver en el asunto.

Argüello narra que un filibustero, terminada la campaña contra Walker, se asentó y casó en San Antonio dejando una parentela. El extinto historiador Carlos Meléndez afirmaba que aquello pudo no ocurrir, pero que también era posible, pues más de trescientos filibusteros se establecieron en Costa Rica después de la guerra.

Tal curiosidad me llevó a conversar con doña María Elena González White (a quien agradecemos), de lo cual surgió otra historia llena de colorido y riqueza cultural.

De seguro, muchos (as) belemitas que peinamos canas, nos preguntábamos allá por los setentas ¿qué es eso de los White?, si aquí solo existimos Murillos, Chaves, Zumbados, Venegas, etc.

Resulta que, en 1896, ingresó al país un espigado contabilista, ciudadano británico nacido en Escocia, a trabajar en la United Fruit Company. Charly White Crafts (1878-1947), quien en 1900 se casó con la costarricense de origen alemán Elisa Carmiol.

De aquella unión, nació María Cristina White Carmiol que se casó con el belemita Jesús González Arias. De esta unión, surgieron Carlos, Mirian, Cristina, Mercedes, Rigoberto, Marcos, Manuel, María Elena y Alejandra González White.

Lo excepcional es que a Charly White Crafts le gustaban, en lugar de las balas, los balones de fútbol. Era un hombre solidario, ecuánime, tranquilo, amante de la familia y, como buen británico, traía el fútbol en sus venas.

Fue jugador pero un accidente le hizo perder una de sus piernas, así que continuó como árbitro y dirigente, cuando Costa Rica daba sus primeros pasos en este deporte. Su aporte fue notable.

Los periódicos de la época lo señalan como un dirigente que alentó la organización de equipos y contribuyó eficazmente en la construcción del Estadio Nacional.

En una fotografía de La Nación de noviembre de 1967, aparece con Jaime Bennett, junto al equipo Club Sport La Libertad, como uno de sus benefactores.

En el mismo periódico, en marzo de 1972, a propósito del Cincuentenario del Estadio Nacional, se asevera que pocas comisiones de fiestas populares dejaron una obra permanente, entre ellas la presidida por Ricardo Fernández Guardia, que heredó el Templo de la Música a principios de siglo, y la dirigida en 1924 por Charly White, un futbolista inglés “(que) dispuso construir el Estadio Nacional y proyectó un cambio del tradicional programa de las fiestas de fin de año”.

La originalidad de la Comisión de Charly White, según criterio del periódico de marras, consistió en proponer actividades distintas a las tradicionales (toros, juegos de pólvora, disfraces, etc.), tales como olimpiadas, desfiles históricos, conciertos y concursos de salud.

De estas, prosperaron solamente las olimpiadas y concursos de salud. Para las olimpiadas se necesitaba un estadio, para eso se creó un Comité Olímpico, en el cual participaron personajes célebres como el Dr. Ricardo Moreno Cañas, José María Pinaud, Alberto Brenes Mora y Charly White, como tesorero.

En razón de su muerte acontecida en Colombia en 1947, existen dos artículos que informan este hecho, cuya autoría asignamos supuestamente al Diario de Costa y La Nación, pues los recortes no especifican la fuente.

El primero lo describe así: “Animador del deportismo nacional, no solo actuó en nuestros campos de juego, sino que se empeñó en construir el Estadio Nacional. Nos consta su labor tenaz en esa ocasión. También conocimos su valor moral. (…) Si era un niño en sus sentimientos, era un titán en el trabajo y en el cumplimiento del deber. Buen inglés, repetimos, honró a su patria tanto como a la nuestra.”.

Mientras en el segundo, se afirma: “La enseñanza que Chale dejó para nuestros árbitros fue magnífica y grande, su condición de caballero justo y cumplido hizo de Chale la columna más sólida en la realización de la organización de nuestro deporte, sus actuaciones en el campo de juego han sido la escuela más perfecta en materia de suministrar justicia y aplicar el reglamento de juegos, su autoridad nunca fue discutida, porque él siempre impuso en el campo sus conocimientos y sus amplios dotes de hombre justo y cabal”.

Ahora, entendemos el porqué, de la casa (antiguamente de adobes) diagonal a la esquina noroeste de la plaza de San Antonio, salen embaladas por sus ventanas bolas de fútbol y voleibol y detrás de ellas, mujeres y hombres esbeltos y de ojos claros.

En la sangre de sus descendientes, parafraseando un villancico, “bailan y brincan” tacos, bolas y tenis. Recordamos, por ejemplo, los relevantes desempeños de Rigoberto “Rigo” y Marcos “Catoño” en el célebre Belén Junior de 1960, los triunfos nacionales e internacionales en voleibol de Alex y Gilberto Villegas González o las prometedoras actuaciones de las tataranietas Camila y Larissa Villegas González en voleibol de playa.

Por supuesto, existen más nombres de esa familia por destacar, pero el espacio no lo permite. Podemos decir, empero, con entera convicción que, además de su contribución deportiva, los vástagos González White son personas buenas, trabajadoras, solidarias y capaces, de las cuales nos sentimos honrados profundamente los belemitas.

Fuentes: Entrevista con María Elena González White, abril 2018, Argüello Mora (2007) Obras Literarias e históricas. San José. Editorial Costa Rica, La Nación 1947, 1967 y 1972 y Diario de Costa Rica 1947.

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