Obra de teatro revive anécdotas y personajes del cantón


Representación del carro de Tuli mientras era abordado por el tránsito

Roberto Rodríguez Sánchez

roberto.rodriguez@periodicoelguacho.com

¿Recuerda los sermones de Ángel Sancasimiro, las manifestaciones que se hicieron para expulsar a la Orto, las quemas de Judas en la plaza de San Antonio o la figura de Juan Ramón y el Vampiro?

¿Y qué sabe sobre el mismísimo padre sin cabeza bajando La Asunción, o de un hombre que de un machetazo cortó la catarata de un río para escapar de las garras de un jaguar? ¿Y de los chiquillos que se comían el almuerzo de los tatas que breteaban en el campo?

Pues todos esos personajes y anécdotas son revividos en la obra de teatro “De Dichos e Historias”, producida en el marco del proyecto Anecdotario Cómico Belemita, el cual cuenta con el patrocinio del Fondo para el Desarrollo Artístico de Belén de la Municipalidad de Belén.

Con respecto a la trama, la obra hace alusión a la historia de una señora que durante un paseo a Puntarenas se le cayó la plancha de dientes al mar, y por eso no pudo comerse el pescado entero que tanto deseaba. Junto con su hermana y otro acompañante, localizaron a una persona del pueblo que tenía plancha de dientes disponibles. Lo que no sabían era que esa persona era el panteonero y les dio una mandíbula de algún difunto.

Al final, enfatiza en 3 situaciones de Belén durante su historia reciente: el desplazamiento de espacios verdes por el cemento de las construcciones, el encarecimiento de la tierra por la que se ven expulsados los habitantes más jóvenes que no tienen plata para pagar, y la dificultad para desplazarse en hora pico hacia San José, Heredia o Alajuela.

Reacciones

Para Francisca Fallas, vecina de La Ribera, la puesta en escena estuvo magnífica. “Me gustó mucho la parte de la bomba que iban a tirar en la Orto, pensé si de verdad la habían reventado”, relató.

“Lo que más me recordó fue lo que pasó con la Orto, porque ahí trabajaba mi suegro, mi esposo, y mis cuñados. Recuerdo la revuelta que hubo por el olor. Dejó muchas personas dañadas y estériles. A mi esposo le dañó el pulmón, era jefe de un grupito. En aquel entonces, no había protección para manejar los productos”,  comentó María Isabel Zumbado Agüero, vecina de San Antonio.

“Para mí, Juan Ramón fue bueno porque tallaba a la gente. A mí, él nunca me talló. ¿Por qué me iba a tallar si yo era una santa? Seguro a los que estaban muy borrachos o se iban a robar algo sí”, agregó entre risas.

“Recuerdo las quemas de judas. A todo el mundo le quitaban todo. La gente decía: ¡Ay pero mirá mi juego de sala donde está! ¡Me llevaron mi molejón! decía mi abuelo. De todo se encontraba hasta los servicios se traían  y los ponían en media plaza. Era como una fiesta de toros, todo el mundo llegaban a recoger lo suyo. Pasaban por las casas y algo cogían, se metían en los corredores. No se perdían las cosas ni se quemaban. Era como un vacilón por celebrar”, finalizó.

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