Maria Cecilia Zamora Chaves, su vocación es servir a niños y niñas


Doña Cecilia, fiel devota a la Virgen, fue maestra de religión y catequista.
  • Más de 30 años de trabajo en el Cen Cinai.

Doña María Cecilia, o simplemente Cecilia para los conocidos, tiene un hijo a quien vió crecer durante más de 30 años. Es un retoño que da albergue, diversión y comida a decenas de niños de La Ribera.

No se trata de un hijo de carne y hueso, es el Centro de Educación y Nutrición (CEN) y Centro Infantil de Atención Integral (Cinai) de La Ribera, al cual ella le ha dedicado más de 30 años de trabajo, una labor que asegura hace con mucho amor.

María Cecilia Zamora Chaves vive a un costado de la plaza de deportes de La Ribera; fue maestra de religión en varias escuelas de San José y también de nuestra comunidad. Se pensionó en 1985 y forma parte de la junta directiva del CEN Cinai ribereño, desde entonces.

Relató que cuando se jubiló, decidió que no iba a quedarse de brazos cruzados en su casa, sino que puso su mirada en el trabajo voluntario y, por su vocación de servicio para con los niños y niñas, comenzó a colaborar en el CEN Cinai.

“Una vez pensionada yo quería ayudar a la comunidad, entonces me uní al CEN Cinai, cuando eso estaba ubicada en un aula a la par de la Iglesia Católica de La Ribera, era un lugar prestado y muy pequeño”, recordó.

De pura cepa

Doña Cecilia está casada con Carlos Chaves Herrera y tienen dos hijas y un hijo, Carlos Gerardo, Ericka María y Marcela. Sus padres son Melida Chaves y Victor Zamora, ambos ribereños de pura cepa.

Cuenta que sus estudios primarios los cursó en la escuela Fidel Chaves Murillo y, posteriormente, realizó sus estudios superiores en el Instituto Pedagógico de Religión, una institución vinculada a la Iglesia Católica y al Ministerio de Educación Pública. También estudió psicología, pero no concluyó los estudios.

Sobre su infancia en La Ribera, relató que era un pueblo de puros cafetales, donde se podía jugar tranquilamente en las calles, “alrededor de la escuela vendían granizados y era la felicidad”, indicó.

Doña Cecilia calcula que empezó a trabajar desde muy joven, quizás desde los 18 o 19 años. Buena parte de su carrera transcurrió en San José, incluso recordó que le asignaron lecciones en Colima de Tibas, en esa comunidad donde pocos meses antes, en diciembre de 1951, sucedió un hecho de sangre que sacudió al país.

“Aquello era una alarma nacional y me tocó ir a trabajar a una escuela allá, pero todo mundo estaba asustado de que tenía que ir hasta en ese lugar. Cuando eso, mi esposo trabajaba en San José, entonces me iba a dejar y, en otras ocasiones, me iba en bus”, contó.

Después de muchos años de laborar en diversas escuelas de la capital, en 1975, le asignaron algunas lecciones en la escuela Fidel Chaves Murillo y en la España, para finalmente pensionarse en 1985.

Un lugar propio

Para doña Cecilia, el acogerse a su retiro fue sinónimo de más trabajo, ya que cuando se acercó al CEN Cinai no contaba con instalaciones propias y carecía de lo básico para funcionar, era mucho lo que se tenía por hacer.

Apenas inició su trabajo en este centro, le pidieron que se encargara de los niños y niñas, debido a que trasladaron a la maestra asignada a este lugar.

Seguidamente, se involucró en la Asociación que gestiona el CEN Cinai. Es en ese momento, cuando empieza a ver todas las necesidades que tenía, tales como la construcción de un edificio propio.

“Habían muchas necesidades, eran muchos los padres de familia que trabajan y necesitaban que cuidaran a sus hijos”, afirmó.

Fue entonces cuando empezaron a hablar con las autoridades del Ministerio de Salud, institución que administra los CEN Cinai de todo el país, para analizar la posibilidad de buscar un terreno y construir un edificio.

“En aquel entonces, habíamos visto que detrás de la Iglesia de La Ribera, habían dejado un lote grande como para un parque. Ese era un lugar adecuado para el CEN Cinai, hablamos con la Municipalidad de aquellos años y se nos abrieron la puerta del proyecto”, rememoró.

Contar con un terreno tan solo fue el inicio del trabajo que tenían por delante. Ahora, les correspondía buscar materiales de construcción y la mano de obra necesaria.

Para salir con semejante responsabilidad, la junta del CEN Cinai buscó la colaboración de alguna gente de la comunidad, tales como Berta Arrieta y Calixto Chaves. Cada uno donó un millón de colones para la obra e, incluso, el esposo de doña Cecilia, don Carlos, consiguió material en el Ministerio de Obras Públicas y Transporte, donde laboraba.

“De esa manera dimos inicio, ya con el tiempo se fue viendo la obra y, actualmente, ahí está el lugar, al servicio de la comunidad”, aseveró.

“Yo vi nacer el CEN Cinai, yo estuve metida en todo; bueno, no solo yo, hay muchas personas que estuvieron involucradas, pero sí me acuerdo de todas las luchas que dimos para tener ese lugar”, dijo doña Cecilia.

Actualmente, es vicepresidenta de la Asociación Pro CEN Cinai y Bienestar Comunal de La Ribera.

Doña Cecilia reitera que el CEN Cinai cumple un función primordial para la comunidad, en tiempos en que ambos padres deben salir a trabajar, ya que les ofrece a los infantes comida y un lugar adecuado para su cuido, mientras ellos no están.

“Es un lugar sano y que le da a los niños mucho amor y atención. Es un espacio necesario. Las mamás pueden salir a trabajar y quedarse tranquilas”, insistió.

Pocas ayudas

A pesar de la función tan importante que realiza esta institución, actualmente, enfrenta serios problemas, debido a la escasa ayuda que recibe por parte de las industrias y comercios del cantón.

El Ministerio de Salud se encarga de suministrar los alimentos que se les da a niños y niñas, al igual que el sueldo de la cocinera y de la maestra. Sin embargo, la Asociación debe pagar la luz, el gas, los suministros de limpieza y el sistema de seguridad, ya que en varias ocasiones fueron víctimas de robo.

Para hacerle frente a esto, piden la colaboración de los padres de familia: “necesitamos el gas para cocinar, al igual que la luz, pero eso no lo paga el Ministerio de Salud, entonces lo que hacemos es pedir ayudas y hacer pequeñas rifas”, reveló.

Doña Cecilia contó que, durante un tiempo, empresas como Pipasa y El Arreo les ayudaba, incluso recibieron colaboración de la Dirección Nacional de Desarrollo Comunal (DINADECO), pero ese apoyo se acabó.

Doña Cecilia hizo un llamado a la comprensión de los padres de familia en cuanto a la necesidad de contribuir. Actualmente, planean un bingo para recaudar fondos.

Más allá de estas situaciones, esta líder comunal dijo sentirse feliz del trabajo realizado durante 30 años, pero confesó que aún falta mucho por hacer, ya que las ayudas disminuyeron y se sienten “amarrados”.

Doña Cecilia hizo un llamado a los pensionados para que se involucren en organizaciones comunales, debido a que eso les ayuda mantenerse activos, “uno aún puede darle mucho a la comunidad, yo soy una que paso muy ocupada y eso me gusta”, admitió.

Confesó que pretende ayudar en el CEN Cinai “hasta que Dios la tenga con salud”, y agregó con un sonrisa, “yo me siento bien ayudando”.

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