Los tiempos del padre “Chanito”: Religiosidad y devoción en San Antonio de Belén


Fuente: Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel. Presb. Walter Howell Castro. Álbum del Clero. Tomo I.

Luis Adrián Murillo Guzmán**

Las comunidades, usualmente, tienden a resaltar la figura de ciertos hombres y mujeres como parte importante de su historia local. Sus acciones, su ejemplo, su carácter particular, los convirtió en referentes de una época. Hoy, como parte de una iniciativa por el rescate de los vínculos socio-históricos, se escribe este artículo en reconocimiento al Presb. Feliciano Álvarez Mora, mejor como conocido en Belén como “Chanito”.

Antes de formar parte de la comunidad, “Chanito”, ordenado como sacerdote en 1928, fungió como cura en la Parroquia de la Merced y en el pueblo de Alajuelita desde 1933. Más tarde, fue cura párroco de Belén entre 1940-1957, y finalizó su actividad eclesiástica en la Parroquia de Santa Ana hasta 1976, año de su fallecimiento. Álvarez ejerció su ministerio en la primera mitad del siglo XX, en un contexto marcado por la ruralidad, las identidades locales y la modernización del Estado.

El Presb. Feliciano Álvarez es recordado por la comunidad como un hombre enérgico, celoso y esforzado, pero sobre todo de buen trato. Dicho personaje impulsó obras materiales importantes como la construcción de la actual Iglesia de San Antonio, y la Asociación San Vicente de Paul, que incentivó la caridad en el pueblo. Asimismo, tenía formas particulares de relacionarse con los fieles, pues, “… era enfiebrado para jugar fútbol, se ponía a jugar bola en la plaza en las mejengas que hacíamos en las tardes”, según relatan los mayores. No obstante, también habían espacios de más seriedad, como las procesiones, en donde mostraba su carácter enérgico para ordenar la actividad, o bien, de orador desde el púlpito y en el catecismo.

Sin embargo, no todos los fieles compartían dichas actividades con él. Debido a su carácter demandante y enérgico, la gente comentaba que “…en las procesiones exigía mucho a la gente para que fueran en orden a las procesiones…”. En muchas ocasiones utilizó el púlpito para decirle a las mujeres “…que no fueran tan escotadas (a la Iglesia), así como para referirse a temas de carácter político. Es conocido por la comunidad que “Chanito” era liberacionista, todo lo cual provocó que algunas familias se sintieran a gusto con su labor, mientras otras no tanto. Tales actitudes del ya mencionado sacerdote, según comentan los mayores, motivaron que algunas familias como los Torres y los Campos, por ejemplo, incluso se marchasen de la comunidad.

Para algunos, la labor del ya mencionado cura fue muy importante, en términos del avance moral, material y caritativo en la Parroquia, en tanto, para otras familias, la figura de “Chanito” trajo desavenencia en el pueblo, tanto por su personalidad como por su marcada filiación política. Al margen de todo, dicho sacerdote laboró para la comunidad de acuerdo con sus propias convicciones morales, políticas y religiosas.   

La década de 1940 quedó grabada en la historia de la comunidad de San Antonio de Belén. Un hombre, más específicamente un clérigo, se convirtió en la esencia de una época, ocupando así un lugar en la memoria de los adultos mayores. “Chanito” se caracterizó por su carácter fuerte y por sus acciones en pro de la Parroquia de Belén. En ese sentido, es preciso resaltar tal personaje, así como su influencia en el San Antonio de los años 40 y 50 del siglo XX.

 

 

**Este artículo es una colaboración del estudiante Adrian Murillo Guzmán de la Universidad Nacional para el curso Taller de Difusión Histórica. Para la realización de este artículo, se investigó en los libros Mi Belén de antaño, de Luz María Campos González, y Álbum del Clero del Presb. Walter Howell Castro. 

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