La violencia infantil es un problema que involucra a toda la comunidad


Cada vez que hay un golpe, un insulto o un abuso en alguno de los hogares belemitas, no se trata de un problema individual, nos afecta a todos. Cada vez que alguien vulnerable necesita ayuda de sus vecinos y no la recibe, nuestra comunidad se deteriora. Las problemáticas que hoy algunos prefieren ignorar, porque “no es con ellos”, tarde o temprano afectarán su vida de una manera directa.

Es indispensable abrir los ojos y reconocer que, a pesar de que muchas veces crecimos viendo las agresiones de toda índole como algo natural, esta visión no debe perpetuarse, pues las heridas emocionales tardan demasiado en dejar de sangrar, y el odio, el terror y el resentimiento no deben ser, en ninguna medida, el legado que les dejemos a las nuevas generaciones.

La violencia es perjudicial en todas sus formas. No debemos ser permisivos, nuestro compromiso debe ser informarnos sobre los mecanismos para detectar una situación de violencia y empoderarnos para denunciar aquellos actos que van en detrimento de quienes nos rodean y de nosotros mismos.

No podemos quedarnos cruzados de brazos ante los serios problemas sociales que enfrenta nuestra comunidad. Debemos apoyar a quienes han trabajado por el bienestar integral de nuestro cantón, asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos para con la infancia y la juventud de Belén y exigir a la municipalidad, que resguarde el bienestar de la población en riesgo social.

No es posible que sea más sencillo conseguir financiamiento para un saco de cemento, que para nuestros niños, niñas y jóvenes en riesgo. Solo porque los problemas sociales y emocionales de la población belemita no se observen de manera tan concreta como una acera, no quiere decir que sean menos importantes.

Si no les ofrecemos a quienes confrontan situaciones de riesgo las herramientas para superar su problema y empezamos a sanar el contexto en cual están inmersos, en un futuro caerán más fácilmente en conductas nocivas para toda la comunidad.

El trabajo de disminuir los niveles de violencia en el cantón no se debe limitar a ofrecerle asistencia a quienes ya están expuestos en un contexto agresivo; sino que debe implementarse todo un mecanismo para prevenir posibles situaciones de peligro. Esta tarea implica una inversión social y económica que debe ser prioridad.

Si continuamos subestimando los distintos tipos de agresión, cada vez asumiremos con mayor indiferencia, el aumento en el dolor, el abandono y el maltrato nuestros menores. Es indispensable salvaguardar la dignidad y la integridad, no solo de los niños, niñas y adolescentes belemitas, sino de la población que por diferentes motivos, es más vulnerable a la violencia.

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