El regreso del tren


Oscar Álvarez González*

Como es bien conocido, se está realizando el acondicionamiento de la línea del tren para cubrir el servicio desde San Rafael de Alajuela hasta San José, con el fin de agilizar el transporte de pasajeros entre estas comunidades; ya que en la actualidad, el servicio de buses no cumple satisfactoriamente con esta necesidad, además del enorme tránsito de vehículos que día a día deben afrontar.

Generalmente, los días sábados un pequeño grupo de amigos (as) realizamos caminatas o recorridos dentro del cantón de Belén y por comunidades vecinas, de aproximadamente dos horas y en ocasiones nos dirigimos a San Rafael de Alajuela por la línea del ferrocarril y hemos podido comprobar el avance de las obras.

Conversando con el señor Guillermo Campos Chaves, conductor del ferrocarril por 37 años y medio (toda una autoridad referente a la actividad de los trenes) nos informaba que la distancia del recorrido entre San José y Puntarenas es de 116 kilómetros con un tiempo aproximado de viaje de cuatro horas a una velocidad máxima de 55 km/hora en las partes más planas. Las máquinas utilizadas en aquel momento eran de origen alemán, a unas las llamaban las “negritas” y a las otras más grandes de color azul las “siemens” y la capacidad de los vagones era de 48 pasajeros.

El tren tenía un horario establecido para las locomotoras regulares, pero en ocasiones había necesidad de enviar trenes extra, los cuales debían esperar a que el tren del horario regular pasara y así continuar con su recorrido. Estas locomotoras y sus vagones no solo transportaban pasajeros, sino también otras cosas como graba, ganado y leche.

Recuerdo que en varias ocasiones cuando era estudiante de la Escuela España en el recreo grande aprovechábamos varios compañeros, para dirigirnos al toril donde estaba el ganado y nos aventurábamos a ingresar para buscar dentro de las boñigas los coyoles que algunos animales depositaban en el excremento, los lavábamos y con una piedra los triturábamos para comernos el coco.

Otro dato interesante es que el tren contaba con un “coche bar” donde se vendían licores, pero se dio la necesidad de cerrarlo por los problemas de ebriedad de algunos pasajeros que atentaban contra la seguridad durante el recorrido.

Otro detalle es que cuando el tren realizaba la parada en la estación de San Antonio, algunos pasajeros aprovechaban para ingresar a la cantina La Bohemia, propiedad del señor Lito Peraza, ubicada costado sur de la línea férrea y se tomaban “un mechazo” con boca de sangrita y un mantecado, para hacer más placentero su viaje.

Cuenta don Guillermo que en una ocasión requirieron su presencia en uno de los coches, ya que se armó un problema, porque había un muchacho que amenazaba con lanzarse del puente del río Grande de Atenas, argumentando que había tenido un conflicto sentimental con su novia y deseaba suicidarse. Al llegar el conductor del tren y observar la situación, pudo constatar que las intenciones no eran tan reales o sea “pura paja”, pero él debía intentar calmarlo y le dijo: “ya estamos entrando al puente, si quiere tirarse, yo no he visto nada” y el individuo inmediatamente desertó de su actitud suicida. Lo que realmente pasaba era que estaba borracho y claro al observar la altura (97 metros) de donde pretendía tirarse mejor se tranquilizó.

En este viaje hacia Puntarenas, el tren se detenía en diferentes estaciones y don Guillermo, con una lucidez envidiable, nos cuenta sobre cuáles eran esas paradas: el recorrido se iniciaba en la estación principal del ferrocarril en San José, se detenía en La Sabana, luego Pavas, Eléctriona, San Antonio, Ojo de Agua, San Rafael, Ciruelas, Siquiares, Turrúcares, Cebadilla, Atenas, Balsa, Tornos, Mangos, Escobal, Concepción, Dantas, Hacienda Vieja, Marichal, Orotina, Piedra Azul, Mastate, Coyolar, Pozón, Muñoz, Ceiba, Hidalgo, Cascajal, Kilómetro 81, Uvita, Jesús María, Cambalache, Salinas, Mata de Limón, Creek, Barranca, La Tigra, Roble, San Isidro, Carrizal, Cocal, Chacarita y Puntarenas.

El tren tenía un carro amarillo que se llamaba “el cabus” que generalmente iba de último también conocido como el trasero, además existía un tren llamado “el pachuco”; ya que tenía pintados unos calzones de mujer, también existía “el lechero”, que transportaba la leche producida en la zona para la Cooperativa Dos Pinos, cuya planta operaba en San José.

El personal que laboraba en el tren lo integraban el conductor jefe del tren, el maquinista, los bregueros, un ayudante y un maestro de equipaje.

Sería muy bueno poder volver a observar la pasada del tren y disfrutar de un viaje en este inolvidable y necesario medio de transporte.

Hace algunos días, escuchamos la fatal noticia sobre un accidente en San Rafael por el desprendimiento de dos vagones y nos unimos en solidaridad con las familias afectadas.

*El autor es vecino de barrio San Isidro, San Antonio de Belén, pionero del atletismo del cantón.

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