El PLN y la elección del próximo Presidente Municipal


Danilo Pérez Zumbado.

En las próximas semanas, el Concejo Municipal elegirá el nuevo presidente municipal dado el deceso del que fuera su presidente Miguel Alfaro Villalobos (Q.E.P.D). Los rumores dan por descontado que el elegido, pertenezca o no al PUSC, estará comprometido con lo que decida el señor Alcalde H. Alvarado.

El desempeño de quienes ocuparon ese puesto (M. Alfaro y Eddy Méndez del PLN), entre mayo y agosto del año en curso, fue suficientemente claro como para no esperar un desenlace distinto. Los escenarios son reducidos. La posibilidad de un acuerdo de oposición para asumir la presidencia entre el PLN, Alianza por Belén y Republicano social-cristiano es exigua para no decir imposible.

El PLN se alió desde el principio a los designios del PUSC a cambio de la promesa de la presidencia en 2017-2018; el Republicano social-cristiano ha jugado de manera ambivalente, es decir, muestra autonomía en algunos asuntos pero, víctima de un miedo abisal a quedar fuera, tiende a meterse más en el canasto que a estar fuera de él.  

La Alianza interesada en conformar un espacio político, con los otros partidos de “oposición”, para balancear las relaciones de poder, no cuenta con la anuencia de éstas y, por órdenes de la administración, está sometida a una especie de ostracismo. Así las cosas, lo esperable es que la presidencia quede en manos del PUSC, como mínimo, con el apoyo del PLN.

Este último, pretende asumir el premio de la presidencia, en los dos últimos años, basado en especulativa tesis de que en 2018 será gobierno nacional. En estos meses, el PLN, en la presidencia provisional, no ha realizado nada distinto al PUSC. Es decir, se entrega programáticamente a ese partido, pues obedece las formas y planes provenientes de la alcaldía. Con tal determinación corre un grave riesgo político.

Primero, se consume en las aguas del PUSC, reforzando aquello de que ambos partidos son la misma cosa: PLUSC. Dos, dada la profunda división del PLN a nivel nacional y la volatilidad del voto, vista en las últimas elecciones nacionales, ¿qué les garantiza que serán gobierno nacional? Tres, y si por el contrario, el PUSC  ganara las elecciones, ¿les cumplirán la  promesa de la presidencia? En otras palabras, pudiendo tener un papel protagónico en la presidencia como puente entre las distintas fuerzas locales, están cediendo mucho a cambio de muy poco.

Conviene recordar que cualquiera que asuma la presidencia del concejo, debería tener presente el fundamento republicano (división de poderes), según el cual, el concejo en tanto poder parlamentario tiene una función distinta del poder ejecutivo (alcaldía en este caso), de manera que, sin caer en la obcecación, puede (y debe) juntar voluntades entre los distintos representantes políticos en aras de proponer proyectos conjuntos y evitar, el desplazamiento y desconocimiento de otras fuerzas.

Se entiende que si un regidor del PUSC es elegido presidente, tendrá una relación de continuidad con la alcaldía inevitable y eso es parte del juego  político. Y si fuera un regidor de otro partido, aparte de tratar de conciliar voluntades, debería poner su propio sello en la conducción del concejo para atraer la  mayor cantidad posible de ganancias políticas.

Ojalá que la nueva presidencia logre acuerdos para impulsar proyectos trascendentes para el desarrollo del cantón. Por el momento es poco lo que se puede predecir, pues el PUSC, con el control del aparato municipal, no ha hecho público ningún diagnóstico de sus anteriores ocho años de administración municipal ni tampoco, aparte de algunas ideas durante la campaña electoral pasada, una propuesta programática para los cuatro en años en curso.

 

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