“Caracoles”: el eterno mejenguero de Belén


Don Sergio, el más famoso mejenguero de Belén.

El escenario es la cancha de deportes de San Antonio, aquella cabellera blanca se distinguía en medio del sol abrasador del mediodía de cualquier mes del año, el ir y venir tras la bola es infinito, la marca férrea y el pundonor futbolístico era la prédica dentro de la cancha.

Quien no lo conociera quizás se asombraba de ver aquel adulto mayor, de más de 70 años, jugar mejenga como cualquier otro joven, quizás hasta mejor. Sin embargo, los belemitas saben muy bien que se trata de “Caracoles”, el eterno fiebre del fútbol de nuestra comunidad.

Su nombre es Sergio González Delgado, conocido en nuestra comunidad por el sobrenombre, que luce orgulloso porque es una herencia de su padre.

“Caracoles” empezó desde muy carajillo a patear bola y no paró sino hasta sus 80 y pico de años, cuando en una jugada se lesionó un hombro y el doctor lo sentenció a no jugar más.

Don Sergio vino a este mundo el 22 de julio de 1933, sus progenitores se llamaron Socorro Delgado Calderón y Rafael González Peraza, ambos belemitas de sepa.

Fue de su papá que Sergio heredó el apodo de “Caracoles”, relató que su padre fue el sacristán de la parroquia de San Antonio por más de 50 años. Por motivos laborales, viajaba constantemente a Puntarenas lo que aprovechaba para traer caracoles y pescados que usaba para adornar la gruta ubicada a un costado de la iglesia, esto con la intención de que se viera bonita.

Contó que entonces un cura le advirtió al papá que tarde o temprano le iban a bautizar como “Caracoles”, por traer tantos de esos a la gruta. Pues quién lo hiciera profeta a ese sacerdote, a los días el apodo ya era oficial. Actualmente, lo preserva su hijo, Sergio.

No me pasa nada con que me digan Caracoles, no me molesta, es una herencia”, reiteró.

Este mejenguero recordó que de joven empezó a jugar con el Padre Chanito, con quien tenía una linda amistad, según rememoró.“El recuerdo que tengo es que todos jugábamos fútbol con el padre Chanito en la cancha de Belen, yo estaba muy chiquitillo. Cuando llovía nos llevaba a los altos del Cine Belén (actual salón Ángel San Casimiro), ahí jugábamos, había un salón grande”, afirmó Sergio.

De muy joven fue monaguillo y junto con su padre ayudaba en asuntos de la Iglesia.

Sacó su sexto año en la antigua Escuela España, actual edificio municipal, y desde los 17 años empezó a trabajar.

Su vida

Casado en segundas nupcias con Dinorah Delgado, con quien tiene 2 hijas. De su primer matrimonio atesora 4 retoños más, 3 hombres y una mujer.

Caracoles recordó que su primer trabajo fue en el aeropuerto de El Coco, actual Aeropuerto Internacional Juan Santamaría.

Contó que un día llegó una gente buscando jóvenes para volar pico y pala para la pista de aterrizaje, entonces lo buscaron para que consiguiera gente, “llevé un montón de carajillos”, afirmó.

Luego de terminar en la pista, le pidieron que se quedara a cargo de la planta eléctrica de iluminación de la terminal aérea. Al tiempo, le solicitaron que se hiciera a cargo de la cuadrilla que le ponía gasolina, aceite y otros líquidos a los aviones.

Poco después, empezó como ayudante mecánico con Líneas Aéreas Costarricenses (Lacsa), en tiempos donde la aviación era algo novedoso en nuestro país.

Gracias a su trabajo tuvo la dicha de visitar México, donde forjó amistad con varios jugadores ticos radicados en tierras aztecas. En especial, recordó a Juan Soto y al belemita “Cholo” Murillo, a quien vio jugar en vivo y a todo color.

“A Cholo lo vi jugar en el Tampico, era un buen amigo de Belén, después cuando regresó más de una vez hicimos mejengas, todo mundo lo quería, era un jugadorazo”, insistió.

En Lacsa, laboró por 25 años; luego, se fue a trabajar a la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, de donde se pensiona en 1993 a los 60 años.

Caracoles durante una de sus partidos.

Su pasión

En su infancia, Caracoles vivió a un costado del río Quebrada Seca, muy cerca de donde hoy es el centro de recreo ANDE, y cada vez que tenía chance se iba a la plaza de San Antonio a jugar. Es en esa cancha que se forjó el espíritu mejenguero de don Sergio.

Más allá de su faceta como jugador, Caracoles, fiel seguidor del Club Sport Herediano, fue un dirigente deportivo que a lo largo de su vida contribuyó con el manejo y formación de equipos.

Fue fundador del Deportivo “Leco”, nombre que le dio en homenaje al jugador Rodolfo “Leco” Rodríguez, y durante muchos años estuvo estrechamente vinculado con el equipo de Belén Junior, España y con el de Veteranos, con quienes viajó a muchas partes del país, quizás las visitas más añoradas son las de Lepanto.

Su emoción se desborda cuando recuerda el equipo de Calle Flores, que en 1986 logró el ascenso a Segunda División del Fútbol Nacional, ese conjunto pasaría a llamarse Asociación Deportiva Belén en 1990.

De Calle Flores, echa de menos el amor con que cientos de belemitas trabajaron por el deporte. “Hacía de todo para ayudar con el equipo, la gente realmente cooperaba, mucha gente de Belén contribuyó, el día que clasificaron fue toda una fiesta en nuestro cantón“, aseveró Caracoles.

De aquel tiempo, Caracoles extraña a toda una estirpe de dirigentes que dieron alma y vida por el deporte de Belén, tal como Abel Venegas, Miguel Rodríguez y muchos otros.

“Antes en el equipo de Calle Flores todo mundo le tenía amor, ahora ya no”, lamentó.

Una de las cosas que más preocupa a Caracoles es que ahora cuesta mucho organizar y mantener equipos de mejengueros, incluso recordó que años atrás se organizaban campeonatos de equipos de barrios belemitas, lo cual ahora permanece olvidado, “hace falta mucho empuje, falta dirigencia”, sentenció.

La última mejenga de Caracoles fue a sus 81 años, en el 2014, desde entonces el balón y los tacos están guardados y, mientras tanto, recibe con los brazos abiertos el saludo y la admiración de cuanto parroquiano le saluda.

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