Belén desde los ojos de Ángel San Casimiro


Ángel San Casimiro en la inauguración del templo de Barrio Fátima.

Redacción El Guacho

El obispo Ángel San Casimiro ha sido una de las personas que con su trabajo, amor y dedicación, se ha ganado el cariño de la parroquia belemita.  Por ello, en este cantonato, quisimos conversar con él sobre su primera impresión de Belén, en 1982 y el sentimiento que hasta hoy le despierta nuestra comunidad.

¿Cuál fue su primer impresión cuando llegó a Belén?

-Bueno, que bonito echar la vista atrás y haber sido testigo del desarrollo de un pueblo, de un cantón. Cuando un servidor conoce el cantón, San Antonio de Belén era un pueblo de una cierta prosperidad, con una empresa privada muy particular, muy del pueblo, muy local, y con gran incidencia en el desarrollo del cantón. Por otra parte, Belén siempre ha sido muy organizado, podríamos decir que se daban todas las condiciones para llegar a ser lo que llegó a ser y lo que es hoy: uno de los cantones más prósperos, uno de los cantones mejor organizados, uno de los cantones de mayor influencia en el desarrollo sostenible que hay en Costa Rica. Entonces, para mí, es muy gratificante el haber sido testigo de este desarrollo.

Bueno llegué como párroco a Belén después que un compañero mío, el padre Aurelio Lerena, había estado seis años en aquí. Un servidor termina su misión a la que le habían enviado en el Carmen de Alajuela y, en 1982, los superiores me nombran párroco en San Antonio de Belén, donde estoy ni más ni menos que nueve años…Nueve años se dicen pronto, pero nueve años son muchos días, es un tiempo bastante interesante para desarrollar un proyecto evangelizador tal y como uno, en ese tiempo, lo concibió.

Por eso, me alegra que estén preparando esta reseña del cantón porque puede ser luz, guía, faro para otros cantones. Siempre debemos tener ciertos referentes para nuestro desarrollo, y sinceramente, y sin ánimo de pasar la mano por la cara a nadie, creo que de lo que conozco en Costa Rica, y son 50 años de conocer Costa Rica, yo apostaría a Belén como el primer cantón que más ha colaborado en el desarrollo económico, social, en lo que es Costa Rica.

El Obispo Ángel junto a la placa en la cual se le rinde homenaje por su colaboración en diferentes proyectos belemitas.

¿Cómo describiría su sentimiento por el cantón de Belén?

-Bueno, Belén fue una escuela para lo que ha sido después mi ministerio. Hay dos comunidades que llevo muy adentro, aunque toda la diócesis de Alajuela y Costa Rica va dentro de mi corazón, pero son el Carmen en Alajuela, y Belén aquí en Heredia, por supuesto, no omito lo que significó para mí, mis primeros doce años de obispo en la zona de San Carlos, pero en Belén, en mis años de ministerio sacerdotal, fue donde, humanamente hablando, yo me sentí más realizado. Recuerdo que en el campo apostólico y pastoral, iniciamos todo un proceso evangelizador en el año 1983 o 1984, con lo que se llamó La Gran Misión, la cual duró un mes.

Producto de esa misión, quedaron en la parroquia, y lo recuerdo perfectamente, 138 pequeñas comunidades, entre la Ribera, San Antonio, La Asunción, San Isidro, y bueno, era una gozada diría yo, el que todos los lunes los dedicábamos a la preparación de los líderes de la comunidad, y eso hizo que la parroquia de Belén fuera una verdadera comunidad cristiana, donde, cosa rara, en aquel tiempo, hicimos un censo de cuál era el cumplimiento dominical y recuerdo que resultó un 66,8%, es decir, algo que hoy día no lo podemos entender.

Pero ¿por qué? Precisamente porque la parroquia se organizó en pequeñas comunidades, que se ubicaban en cada barrio. Estas tenían un representante en el Consejo Pastoral Parroquial, y la verdad es que, en todas ellas, además del crecimiento en la fe, había también una proyección social hacia las familias más necesitadas. Esto realmente creó una comunidad viva en el cantón, amén del famoso grupo juvenil Semillas de Vida, que hoy para mí es una gran alegría cuando veo a matrimonios que están trabajando en la iglesia y que yo los tuve en la Pastoral Juvenil, en aquel grupo. Entonces, si yo tuviera que resumir, en una sola palabra, mi experiencia sacerdotal en Belén yo diría que fue gratificante, me llenó, el ministerio sacerdotal me llenó el alma con el trabajo que junto con tanto laico pudimos desarrollar en la parroquia.

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