Belemitas recurren a construir en segundos pisos para solucionar problemas de vivienda


Foto con fines ilustrativos, los habitantes de este lugar no necesariamente guardan relación con la información de esta nota.

Luis Zárate Alvarado

luis.zarate@periodicoelguacho.com

Ser propietario de una casa o de un lote en Belén se ha convertido en un sueño imposible para muchos; el alto valor del terreno, la ausencia de proyectos de bien social y la reducción de espacios aptos para urbanizar o el acaparamiento por parte de desarrolladores, provocan una crisis local de vivienda.

Estos problemas de acceso a un lugar donde vivir, tienen un impacto mayor en los belemitas de estrato social medio, quienes solucionan sus problemas de vivienda construyendo segundos pisos sobre sus actuales casas.

El fenómeno está muy bien identificado y ocurre en lugares populosos como el Residencial Belén, algunos sectores de La Ribera, La Asunción, La Amistad en San Antonio y en Barrio Cristo Rey.

Por lo general, se tratan de núcleos familiares que se ven forzados a ampliar su vivienda debido a que sus hijos o hijas se casan, o porque otros parientes se trasladan a nuestro cantón por trabajo o educación, y necesitan un sitio donde habitar.

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Otro factor que propicia la situación, es el conocido arraigo de los belemitas, para nadie es un secreto que la gente originaria o no de este cantón, se niega a trasladarse a vivir a otras comunidades.

Uno de los ejemplos más claros de este fenómeno es el Residencial Belén. Según datos del gobierno local, en este sector, en el 2016, habían aproximadamente 500 núcleos familiares, para el 2017 esa cifra ronda los 700.

Crecimiento

La situación es muy bien conocida por autoridades de la Municipalidad. Luis Bogantes, coordinador de la Unidad de Desarrollo Urbano, explicó que el origen de este problema data de 1980, cuando se promovió proyectos inmobiliarios de casas de interés social, como las del Residencial Belén, pero no se previó el crecimiento de las familias.

Dichas casas fueron desarrolladas en lotes de apenas 120 metros cuadrados (m2), con una estructura sencilla; cuartos pequeños, cocina, corredor y sala, “son espacios que se originaron como una unidad muy básica, pero que han ido creciendo por la necesidad y el aumento de los miembros de la familia”, explicó Bogantes.

Incluso, este profesional, quien suma 33 años de trabajar en el ayuntamiento, aseguró que pronto empezaran a levantarse terceros pisos.

Reducidos

Una de las peores consecuencias de esta tendencia de desarrollo habitacional en espacios pequeños, como es el caso del Resi, es el hacinamiento. El espacio que se levanta es muy reducido y esto choca con el deseo de albergar a la mayor cantidad de familiares.

Según el funcionario municipal, esta limitación de espacio en los hogares se debe mitigar con más y mejores espacios públicos de esparcimiento. Para construir estos sitios, se recurren a los llamados sistemas livianos, tipo “muro seco”, en donde la estructura principal es de acero, lo cual brinda alguna seguridad; ya que, por ejemplo, en un sismo no se cae.

Bogantes indicó que la Municipalidad se encarga de supervisar la construcción de estas estructuras y la gran mayoría sí cuenta con los permisos correspondientes.

Impacto en servicios públicos

Esta proliferación de segundos pisos en las barriadas del cantón tiene un impacto directo en la demanda de servicios públicos locales, especialmente en el sistema de alcantarillado sanitario.

Bogantes explicó que muchas de las casas poseen tanques sépticos con estándares de 1975, por lo cual es urgente mejorar la disposición de estas aguas. En el Residencial, la solución fue la construcción de la planta de tratamiento.

Sin embargo, hay zonas donde urge una respuesta, tal como Cristo Rey y La Amistad. En este último, las aguas de los sanitarios, pilas de las cocinas, áreas de lavado de ropa y más, corren al aire libre en medio de las aceras y la calle, lo que provoca malos olores y un grave problema de salud pública.

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Otro asunto que preocupa a las autoridades es la basura, ya que una propiedad que aloje a 2 o 3 núcleos familiares produce más desechos; sin embargo, la recolección y el cobro se realiza de manera general, “de puerta en puerta”.

En lo que no se prevé problemas es en el agua, gracias al manejo adecuado de la demanda del líquido vital que realiza el gobierno local, “en este servicio no hay amenaza alguna”, al menos así lo aseguró Bogantes.

¿Qué hacer?

Bogantes admitió que se debe trabajar en una solución de vivienda para los belemitas, porque “hay que hacer algo para mantener a nuestra gente aquí, este cantón se debe a nuestra historia, no es deseable que la gente emigre”, puntualizó.

Sin embargo, propiciar proyectos de esta categoría en Belén no es fácil por varias razones. Una de ellas es que las instituciones de Gobierno no consideran al cantón como prioritario en estos asuntos, debido a los altos índices de calidad de vida y el alto costo del terreno.

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Otra limitante es que los espacios disponibles para construir son abarcados por grandes desarrolladores para casas que, por su alto valor de cientos de miles de dólares, son imposibles de adquirir por los locales.

Inmunes

Pero hay algunos sitios que parecen que son inmunes a este padecimiento, tales como algunos reconocidos condominios: Villas Margot, Estancias de La Ribera, Puertas de Alcalá, Villas Belén, entre otros.

Quizás, la cura radica en el poder adquisitivo de los que habitan esos condominios, quienes posiblemente sí cuentan con los recursos para que sus hijos adquieran sus propias casas o alquilen departamentos en contraposición de quienes poseen recursos limitados y recurren a construir sobre sus casas.

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