“Apuntes históricos de mi pueblo”: Capítulo II Ubicación de las viviendas


Ilustración de Mario Ramírez, tomada del libro Añoranzas de Heredia de Carlos Meléndez. Antiguo Cabildo Municipal de Heredia. La imagen corresponde al segundo que se levantó en ese mismo lugar, el primero se tiene datos de su existencia desde 1752. El de la ilustración fue la sede del gobierno de Heredia hasta 1870. El lugar fue posteriormente demolido y se levantó ahí el actual anfiteatro del Fortín.

Filadelfo González Murillo

Las casas de habitación de los fundadores estaban situadas de la siguiente manera: la de Santiago González como a 1 000 metros de la plaza, 50 metros al sur de donde hoy habita don Ventura Delgado; la de Antonio Murillo como a 300 metros al oeste, y la de don José Moya, 400 metros al este y 240 al norte de la de Fon Blas González, que es la misma que edificó Don José Moya Hidalgo a principios del siglo pasado.

Desde el primer momento, vemos a los hijos de este pueblo dedicados en gran medida a la agricultura y al comercio, sin olvidar al mismo tiempo el cuidado de sus niños y su educación creciente. En aquellos, y tal vez no me equivoque al asegurar que existió menos analfabetismo que hoy, pues, hace 70 años, tanto hombres como mujeres de ese tiempo, a los que conocí, además de estar bien instruidos en su religión, sabían bien leer, escribir y bastante aritmética. ¿Cómo lo hicieron? Yo no lo sé, pero en el año de 1850 ya era maestro de escuela aquí un hijo de este pueblo, don Pedro González, mi tío, quien murió en 1922 a la edad de 86 años.

En tiempos pasados –me contaba mi abuela Concepción Moya-, que un domingo que su padre había ido a la Villa de Heredia a cumplir con el precepto de la Iglesia, de los cuales eran ellos estrictamente observantes, volvió muy triste y cabizbajo, preguntando por uno de sus hijos. El motivo de su pesar, les explicó, obedecía a que había sido elegido como Alcalde Mayor de la ciudad, lo cual le demandaría altas sumas de dinero que, para él, en aquel momento no le era fácil. (Porque debe saber Usted que, en aquel tiempo cuando una persona era nombrada Alcalde Mayor, debía residir en la ciudad, a donde tenía que trasladarse, y era mantenedor obligado de la Fiesta Patronal, la cual requería grandes gastos). Aunque él tenía muchos bienes, esto le preocupaba enormemente. –Si ese es el motivo de su tristeza-, le contestaron sus hijos, –tranquilícese, que nosotros le arreglamos todo–, y en la misma semana prepararon un viaje de negocios a la Provincia, que así se llamaban entonces a la vecina República de Nicaragua.

Así a la vuelta del viaje, el cual tardó entonces unos dos meses, pusieron en manos de su padre una cantidad de dinero mayor de la que necesitaba para sufragar los gastos que demandaba el desempeño del puesto para el cual había sido designado (muy niño conocí la casa propia que habitaba cuando se trasladaba a Heredia y se encontraba al lado sur de la Iglesia de El Carmen).

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