Anécdotas de La Ribera Parte 2


Por Gaspar Rodríguez

Agradezco la colaboración de los hermanos Ramírez Villanea, Juan Ledezma (Juano) y a mi hermano Antonio, que fue en reunión con ellos donde obtuve el material de estas anécdotas, que hoy les comparto.

¡Entre semana, Gaspar!

Moisés Campos, (moiso), tenía una particularidad, aparte de ser una persona sencilla, honesta y simple, era muy auténtico, en una ocasión me dice ¡-Gaspar, la gente si es rara – ¿por qué Moiso? – es que los hombres de La Ribera, van el domingo a misa y después se van donde las “malillas” – Y entonces Moiso cómo se debe hacer -¡entre semana, Gaspar!.

La sonrisa de Alfaro

Habían estado tomando todo el día en el turno del 8 de diciembre. Cuco y Pepe Alfaro, tomaron rumbo a Fátima, pero en el trayecto se perdieron; allá estaban donde los Suárez (urbanización inconclusa al este del Palenque), los dos vomitando por el efecto de tantos tragos, ambos de cuatro patas buscando algo, pasa alguien y pregunta, – ¿qué buscan amigos?, pues no ve amigo, buscamos la sonrisa de Alfaro (vomitando Alfaro había perdido sus dientes postizos).

Anda a buscar al Padre

Un amigo que estaba muy enfermo, le dice a su hijo – Mira “chinillo” anda traer al Padre porque me siento ¡feo, feo!, y cuando venís para abajo, pasá por donde Otárola (dueño de la pulpería y la cantina), y me traés un paquete de Delta y una cuarta de guaro…sin palabras.

El rifle

Unos amigos, vecinos de La Ribera, de las cercanías del cementerio, aficionados a la serie de aquellos tiempos, el Hombre del Rifle, decidieron fabricar un rifle.

Nuestros amigos Mario, Polo y Javier, se pusieron de acuerdo para el proyecto; uno fabricó la cacha, otro el tubo y otro el gatillo, en serio lo construyeron – ahora sí, ¿quién lo va a probar?, se hizo una rifa y le correspondió a Mario la prueba del instrumento, serían las 7:00 de la tarde, a esa hora la gente del barrio aún estaba despierta, había que esperar por lo menos a las 8:00, para realizar la prueba, para que nadie se enterara.

Al ser las 8:00 de la noche, Mario, nuestro amigo, se apostó frente al cementerio y apuntó a un árbol de uruca, donde dormían las gallinas del barrio. El hombre apretó el gatillo, y en todo el pueblo se escuchó una explosión, de dimensiones nunca escuchadas, no quedó una gallina en el árbol de uruca. Javier y Polo que estaban no muy lejos del sitio, acudieron al instante para ver qué había ocurrido y se van encontrando a Mario de espaldas en el suelo, medio inconsciente, tratan de levantarlo y Mario quejándose de dolor y del susto, se incorporó un poco y dice – creo que se me quebró el corazón.

La marcha atrás, del Land Rover

Mi tío Julio tenía un Land Rover, pero no le gustaba, cada vez que iba a salir de su casa lo ponía en neutro, lo soltaba para atrás y luego ponía primera y salía,  Decidió venderlo y hasta barato, llegó un señor y se lo compró, agarró el vehículo, lo puso en marcha atrás dio la vuelta y se fue, – sí yo hubiera sabido que tenía marcha atrás, nunca lo hubiera vendido.

Anterior El Ejército: heredianos y belemitas reacios
Siguiente Ileana Calero presentó su poemario “En boca cerrada”

No Hay Comentarios

Deja un comentario