Algo huele hediondo en San Antonio de Belén


Warren Ulloa Argüello

Se descompuso la parroquia de Belén como hemos visto en los últimos meses, a través de actos muy desgarradores de violencia o decisiones muy personales de quitarse la vida. Sin embargo, es mi criterio claro está —usted puede estar de acuerdo o no— esos hechos de sangre por los que Belén ha estado en los noticieros pueden tener su asidero a la vida gris, represiva y doble moral que tiene nuestro cantón, aunado a una Municipalidad, que si bien es cierto satisface las necesidades básicas, es una Municipalidad incapaz de ver la descomposición social y prefiere (lo que no está mal tampoco) apostar por un crecimiento económico a toda costa que causa efectos secundarios como una mala calidad de vida y de seres frustrados que no pueden encajar con el crecimiento del cantón.

La vida social, cultural, deportiva, moral de Belén es patética y gris. No hay actividades culturales de peso significativo, las canchas públicas —en otrora un centro de reunión donde muchos íbamos a jugar bola en torneos nocturnos— se transformó en una jaula que ni Kivu tenía en el zoológico. La plaza, que tanta polémica trajo en años recientes, es un hoyo negro en mitad del distritito de San Antonio. Un centro que a ciertas horas da miedo andar y que está rodeado por el poderío dictatorial que ejerce moralmente la iglesia católica en muchas mentes. No hay jardines. No hay zonas verdes. Si acaso, por las noches un grupo personas que son corridas constantemente por la policía municipal dejando solo el bulevar con las esculturas de chatarra y charcos de agua en la soledad más grande, algo así como un desierto donde cayó una bomba atómica que deparó, si acaso, algunos sobrevivientes.

Belén pasó de la cuna del deporte a la cuna donde según La Nación se reportan la tasa de suicidios más alta en el área metropolitana. ¿Y qué se está haciendo? Por favor, que alguien me diga qué se está haciendo para mitigar esos índices de suicidio. Una oración se agradece, pero en crisis agudas no sirven para mucho, seamos sinceros.

Lo he discutido con amigos, Belén es un lugar ideal para vivir por la cercanía que de muchas zonas de importancia como el aeropuerto, la ruta 27, los centros comerciales, y locales que satisfacen las necesidades básicas de los que pueden. Pero de los que no pueden, de los que les cuesta tener acceso a un servicio básico ¿Qué de ellos? En muchos casos la respuesta es violencia, odios, resentimientos, exclusión. Un cantón tan próspero como el nuestro debería ser integral con todos sus habitantes, pero la realidad nos dice otra cosa. Femicidios, suicidios, grupos delincuenciales que se ocultan en cualquier barrio. Algo huele mal y nos está presionando a todos.  

Corren tiempos de miedo en parroquia y la respuesta que veo por parte de mis vecinos me da miedo: dios, patria y familia. Agárrense duro, esto es una olla de presión, un tanque séptico, una espinilla ciega, algo va a explotar y va cobrar más víctimas.

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